La frontera sacudida
El terremoto fue recordado como el de Cúcuta, pero su verdadero escenario fue una región binacional.

El nombre más común es “terremoto de Cúcuta”, pero el desastre abarcó mucho más que San José. Los documentos del libro hablan de los valles de Cúcuta y Táchira, una región unida por caminos, comercio, familias, ríos y migraciones. La frontera política no impidió que la tierra sacudiera a ambos lados con una misma violencia.
En Colombia se mencionan San José de Cúcuta, el Rosario de Cúcuta, San Cayetano, San Luis o antiguo Pueblo de Cúcuta, Santiago, Bochalema, Gramalote, Arboledas, Salazar y otros lugares. En Venezuela aparecen San Antonio, Ureña, Capacho, San Cristóbal, Táriba, Rubio, Vargas, La Grita, Lobatera, Colón, Palmira, Constitución y vecindarios del Táchira.
Cúcuta como símbolo principal
Cúcuta quedó en el centro de la memoria porque era la ciudad comercial más visible y porque su destrucción fue casi total. Los relatos insisten en que no quedó edificio importante en pie y en que las calles perdieron su forma reconocible. Esa ruina radical convirtió a San José en el símbolo nacional del desastre.
Pero leer solo a Cúcuta empobrece la historia. Villa del Rosario tenía valor histórico por el Congreso de 1821; San Antonio y Ureña eran parte de la vida diaria de frontera; San Cristóbal y otros pueblos tachirenses sufrieron daños que motivaron auxilios venezolanos y colombianos.
El Táchira y Maracaibo
El libro muestra que Maracaibo fue un lugar de llegada para emigrados. El Consulado de Colombia calculó en unas trescientas las personas que habían llegado al puerto en la primera quincena de junio. La ruta hacia el Zulia era lógica: por comercio, por vínculos familiares y por la búsqueda de salida cuando la ciudad arrasada no podía alojar a todos.
Los gobiernos de Táchira y Zulia enviaron apoyo, y los documentos colombianos reconocieron esa ayuda con gratitud. Esta dimensión binacional explica por qué algunos textos hablan del “gran terremoto de Cúcuta y Táchira”. No es una etiqueta secundaria: es una forma más justa de nombrar la escala del evento.
Una misma región sísmica
La ciencia posterior confirma lo que los documentos ya intuían: Cúcuta y el Táchira comparten un entorno geológico activo. Los sistemas de fallas, los valles encajados y la historia sísmica de Pamplona, Lobatera, Mérida y los Andes venezolanos muestran que el terremoto de 1875 pertenece a una memoria regional de larga duración.
Por eso el mapa humano del desastre debe leerse junto al mapa físico. La tierra se movió bajo una región conectada; las noticias, los auxilios y los desplazamientos siguieron esas mismas conexiones.