Sismología regional
Las fuentes históricas describen el espanto; la ciencia ayuda a ubicarlo dentro de una región sísmica activa.

El libro dedica su apéndice a la topografía, la sismología, las aguas termales y la crónica sísmica de la región. Esa decisión es muy valiosa: Febres-Cordero entendió que el terremoto de 1875 no podía explicarse solo por testimonios humanos. Había que mirar ríos, cordilleras, fallas, aguas termales y terremotos anteriores.
La topografía citada describe el valle geográfico de Cúcuta como un conjunto formado por las hoyas de los ríos Pamplonita, Táchira y Zulia. Ese paisaje, rodeado por ramales de la Cordillera Oriental y conectado hacia Maracaibo, explica tanto la vida económica como parte de la exposición al riesgo.
Magnitud e intensidad
Como ocurrió antes de las redes instrumentales modernas, el terremoto de 1875 se estudia a partir de daños, relatos, distribución de efectos y análisis geológicos posteriores. El Servicio Geológico Colombiano registra el evento del 18 de mayo de 1875 a las 11:15, con magnitud estimada de 6,8 Mw, profundidad de referencia de 15 km e intensidad máxima X EMS-98.
Otras fuentes han citado magnitudes mayores. La diferencia no debe leerse como contradicción simple, sino como resultado de métodos distintos. En terremotos históricos, la intensidad de los daños puede ser más segura que una magnitud exacta, sobre todo cuando las construcciones eran vulnerables.
Aguas termales y memoria sísmica
El apéndice del libro incluye textos sobre las aguas termales del Táchira y las termas de Agua Caliente. En el siglo XIX y comienzos del XX era común relacionar estos fenómenos con explicaciones sobre actividad interna de la tierra. No todo lo que se decía entonces corresponde al lenguaje geológico actual, pero esas observaciones muestran que la región era leída como un territorio inquieto.
La crónica sismológica recuerda eventos como el terremoto de Pamplona de 1644, otro de Pamplona en 1796, el de Mérida y Caracas de 1812, el de Lobatera de 1849 y el de los Andes de 1894. El terremoto de Cúcuta no fue un accidente aislado: pertenece a una historia sísmica compartida entre el oriente colombiano y los Andes venezolanos.
La fuente probable
Estudios modernos han propuesto como candidato principal el sistema de fallas de Aguas Calientes, dentro de una zona tectónica relacionada con los Andes de Mérida, el sistema de Boconó y estructuras cercanas al llamado indentador de Pamplona. Esa lectura científica ayuda a explicar por qué los daños se distribuyeron con fuerza en Cúcuta, el Rosario, San Antonio, Ureña y otros puntos del Táchira.
La lección actual es clara: la memoria histórica también sirve para entender el riesgo. Los relatos de 1875 no son solo patrimonio cultural; son información sobre cómo se comportó el territorio y cómo respondió la sociedad.