La Vega y la reconstrucción

La ciudad no renació de inmediato: primero tuvo que encontrar dónde respirar.

Página La Vega del libro El Terremoto de Cúcuta
Inicio de la sección “La Vega” en el libro de Febres-Cordero.

La Vega fue el lugar donde Cúcuta empezó a salvarse después de quedar destruida. No era un proyecto urbano planeado desde la tranquilidad, sino un refugio de emergencia a orillas del Pamplonita. Allí llegaron familias que necesitaban agua, sombra, espacio y distancia de las ruinas.

El libro recuerda que La Vega era una antigua hacienda de caña y cacao asociada al valle fértil del río. Después del terremoto, esa condición práctica se volvió decisiva. La gente necesitaba un terreno bajo, abierto, con agua cercana y menos cargado por el polvo y la muerte que cubrían el centro destruido.

La cabecera provisional

El telegrama de Aquileo Parra resumió la decisión: fundar provisionalmente una población en La Vega, media legua al sur de la antigua ciudad, para impedir la dispersión de las gentes que habitaban en toldos y restablecer en lo posible los negocios. Esa frase muestra el sentido político del refugio: no bastaba con proteger vidas; había que evitar que la sociedad cucuteña se deshiciera.

El 31 de mayo de 1875 La Vega fue establecida como cabecera provisional del distrito de San José. Allí se organizaron auxilios, vigilancia, bodegas, escuelas, mercado, una ermita y servicios mínimos. El sitio funcionó como puente entre la ruina y la reconstrucción.

Volver o quedarse

La pregunta de fondo era difícil: ¿debía Cúcuta quedarse en La Vega o regresar al sitio antiguo? Los documentos terminaron inclinándose por la reedificación de San José en el lugar que ocupaba antes, pero con una condición nueva: debía levantarse con plano, calles rectas, edificios públicos definidos y una visión urbana de mayor escala.

La ley especial pidió un plano topográfico calculado para una población de 25.000 habitantes, con lugares para casa municipal, aduana, cárcel, templos, escuelas, teatro, cementerio, mercado cubierto, hospital, acueducto y puentes sobre los ríos Pamplonita y Zulia. Era una lista de necesidades, pero también una declaración de futuro.

El regreso a San José

El 18 de mayo de 1876, un año después del terremoto, se derogó el decreto que había hecho de La Vega la cabecera provisional. Para entonces ya existía caserío suficiente en el nuevo plano de San José y la administración podía regresar.

La Vega no perdió importancia por dejar de ser cabecera. Al contrario: quedó como memoria de supervivencia. Fue el campamento donde Cúcuta evitó dispersarse, el lugar donde los auxilios se ordenaron y donde la ciudad reunió fuerzas para volver a levantarse.