Eustorgio Colmenares Baptista
Odontólogo, alcalde de Cúcuta, senador y fundador del diario La Opinión (1924–1993).

Pocas vidas resumen tan bien el siglo XX cucuteño como la de Eustorgio Colmenares Baptista. Hijo del mayordomo de una finca de El Zulia, se hizo odontólogo, dirigió la ciudad como alcalde, llegó al Senado, levantó empresas que aún son bandera de la región y, sobre todo, fundó el periódico que durante seis décadas ha sido la memoria diaria de Norte de Santander. Murió asesinado frente a su casa una noche de marzo de 1993, y su crimen sigue sin castigo.
- Nombre completo
- José Eustorgio Colmenares Baptista
- Nacimiento
- Cúcuta, 17 de septiembre de 1924
- Muerte
- Cúcuta, 12 de marzo de 1993
- Profesión
- Odontólogo y periodista
- Obra principal
- Diario La Opinión
- Cargos
- Alcalde de Cúcuta (1966–1970) y senador (1978–1982)
Origen y formación
Nació en Cúcuta el 17 de septiembre de 1924, en el hogar formado por Eustorgio Colmenares y Albertina Baptista, una dama maracaibera que había emigrado a Cúcuta desde Venezuela. Su padre trabajaba como mayordomo de fincas en el municipio de El Zulia y le transmitió desde niño el gusto por el campo. Fue el mayor de una familia numerosa: sus hermanos fueron Mercedes, Adriana, Teresa, Sofía, León, Alicia y Ana Luisa.
Cursó primaria y bachillerato en colegios de Cúcuta, Pamplona y Bogotá, entre ellos el Sagrado Corazón de Jesús y el Colegio Provincial San José. Fue, además, un deportista notable: jugó fútbol y baloncesto en varios equipos de la ciudad, una afición que años más tarde lo llevaría a presidir la Liga Departamental de Básquet.
Estudió Odontología en la Universidad de Antioquia, en Medellín, sostenido económicamente por sus hermanos mayores Mercedes y León, que ya trabajaban. Se graduó en 1949. Allí conoció a Esther Ossa Montoya, antioqueña y compañera de facultad, con quien se casó ese mismo año antes de regresar a Cúcuta a ejercer la profesión. Del matrimonio nacieron José Eustorgio, Raúl, Martha y Yolanda.
El odontólogo que organizó un suramericano
Durante casi dos décadas ejerció la odontología a tiempo completo, en el hospital San Juan de Dios y en su consultorio particular, aproximadamente hasta 1966. Pero su energía desbordaba el gabinete.
Como presidente de la Liga Departamental de Básquet le correspondió presidir en 1955 el comité organizador del XVI Campeonato Suramericano de Mayores y Primer Juvenil, disputado en el recién construido coliseo Rojas Pinilla —hoy Toto Hernández—. Fue el certamen deportivo más importante realizado en Colombia hasta ese momento, y el recuerdo de su organización perduró tanto que diez años después, en Paraguay, una nueva edición del suramericano se promocionó invocando el espíritu de aquel torneo cucuteño.
La fundación de La Opinión
A finales de los años cincuenta, un grupo de liberales cucuteños echó de menos una tribuna propia. Colmenares Baptista se unió a Virgilio Barco Vargas —futuro presidente de Colombia—, Eduardo Silva Carradine, Alirio Sánchez Mendoza y su propio hermano León Colmenares Baptista para sacar adelante un semanario. El primer número circuló el 31 de mayo de 1958.
Aquel semanario apareció de forma irregular durante 1958 y 1959, desde unas oficinas arrendadas en la calle 8 con avenida 3, y se imprimía —no sin cierta ironía— en los talleres de El Criterio, propiedad de la Diócesis de Cúcuta, administrados por el presbítero Daniel Jordán, párroco de la catedral de San José y de convicciones conservadoras muy marcadas.
El salto definitivo llegó el miércoles 15 de junio de 1960, cuando La Opinión empezó a circular como diario, con una continuidad que no se ha interrumpido desde entonces. En esa primera etapa la dirección la ejerció el médico Alirio Sánchez Mendoza y Colmenares Baptista ocupó la gerencia —los mismos cargos que tenían en el semanario—, mientras Cicerón Flórez Moya se mantenía en la jefatura de redacción. La primera sede del diario estuvo en la avenida 4 con calle 16.
Durante años Colmenares alternó tres oficios: la odontología, la política partidista y el periodismo. Fue también corresponsal en Cúcuta del diario El Tiempo de Bogotá, bajo la dirección de Enrique Santos, con quien cultivó una buena amistad.
Alcalde de Cúcuta (1966–1970)
En 1961 el gobernador Miguel García-Herreros lo designó secretario de Gobierno departamental, cargo que ocupó entre marzo y octubre de ese año. Cinco años más tarde, al iniciarse el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, el gobernador Gustavo Lozano Cárdenas lo nombró alcalde de Cúcuta en reemplazo de Numa Pompilio Guerrero. Fue ratificado cuando Argelino Durán Quintero relevó a Lozano en la gobernación en 1968, de modo que completó los cuatro años del cuatrienio Lleras.
Su administración quedó entre las más recordadas de la ciudad. Bajo su mandato se terminó e inauguró la Central de Transportes, la primera terminal de su género en Colombia; se ejecutó un plan masivo de pavimentación y apertura de vías hacia los barrios de la periferia; se adelantaron campañas cívicas de ornato; y se construyó el Bosque Popular, donde se realizó la primera Feria Internacional Industrial y Comercial en asocio con Fenalco. Dejó casi terminada la iluminación de la avenida Gran Colombia.
Facilitó además los terrenos y promovió la construcción del INEM, la Universidad Francisco de Paula Santander, la Aduana Nacional, el Instituto del Niño Retardado Mental y el Colegio Nacional de Periodistas. Apoyó decididamente el deporte —incluida la recuperación del Cúcuta Deportivo en una de sus crisis— e intentó traer a la ciudad la sede de los Juegos Nacionales, empresa en la que fue derrotado por Ibagué. Dejó listos proyecto y planos aprobados de una plaza de toros que el Concejo Municipal terminó desechando por rencillas políticas de la época.
Su esposa, Esther Ossa de Colmenares, participó activamente en esa administración; por iniciativa suya se levantó la Ciudadela del Niño y se impulsaron otras obras de beneficencia.
Del Ministerio al Senado
En 1971, durante el gobierno de Misael Pastrana Borrero, fue nombrado secretario general del Ministerio de Comunicaciones, cuyo titular era Humberto González Narváez; ejerció el cargo unos dieciocho meses. Entre 1974 y 1975 fue, junto con Álvaro Villamizar Suárez y otros dirigentes, promotor de la ley que conmemoró el centenario de la reconstrucción de Cúcuta tras el terremoto de 1875.
En 1978 fue elegido senador de la República por Norte de Santander en una votación muy reñida frente al conservador Pedro Duarte Contreras. Durante parte de su período presidió la Comisión Quinta del Senado y fue ponente de varios proyectos de ley, entre ellos el que dio carácter profesional a los topógrafos.
En 1982, terminado su período parlamentario, se apartó de la política activa para dedicarse de lleno a su empresa periodística. En sus últimos años fue requerido varias veces para volver al servicio público y se negó, según sus allegados, por desilusión frente a la forma en que se hacía política y por dar paso a las nuevas generaciones.
Colprensa y la modernización del diario
En 1980 participó en la fundación de Colprensa, la agencia de noticias que unió a los grandes diarios regionales del país —Vanguardia Liberal, El Colombiano, El País, El Universal, El Heraldo, La República, La Tarde y La Opinión—. La agencia fue decisiva para que la prensa de provincia dejara de depender de Bogotá, y Colmenares llegó a presidir su junta directiva.
Paralelamente empujó la modernización técnica del periódico, que al comienzo se imprimía en maquinaria alquilada. En 1977 La Opinión adquirió una rotativa Goss, la primera de su tipo en llegar a Cúcuta. En 1984 compró una rotativa Harris de cuatro unidades y dio el salto al sistema offset, también primero en la ciudad; las unidades se ampliaron a cinco en 1991. A comienzos de los noventa el diario ya recibía fotografías y despachos por satélite y sistematizaba su preprensa.
El empresario
Colmenares Baptista no fue solo un editor. Fundó dos de las empresas más importantes de la región: la constructora e inmobiliaria Viviendas y Valores, creada en 1972 junto con el político liberal Gustavo Ararat Negrón, y Cerámica Italia, que llegaría a ser la mayor industria privada de Norte de Santander y cuya inauguración contó con la presencia del presidente Belisario Betancur.
En noviembre de 1991, Gustavo Ararat —su amigo y socio, exalcalde de Cúcuta y excontralor departamental— fue asesinado por el ELN. El hecho lo golpeó profundamente y le mostró hasta dónde había llegado la descomposición de la ciudad en aquella década. Dieciséis meses después le tocaría a él.
El asesinato
La noche del viernes 12 de marzo de 1993, hacia las siete y media, Eustorgio Colmenares Baptista departía con su esposa Esther en su casa de la avenida 1E n.º 13-54, barrio Los Caobos. Dos sicarios se detuvieron frente a la vivienda y uno de ellos disparó. Fue trasladado de urgencia a la Clínica San José, donde murió a causa de las heridas de bala.
En la huida los atacantes estrellaron su camioneta contra un bus, la abandonaron y se enfrentaron a detectives del extinto DAS. El homicidio fue atribuido a la Unión Camilista–Ejército de Liberación Nacional. Tenía 68 años.
Su muerte fue repudiada por todos los sectores del país. En noviembre de 1993, durante su 49.ª Asamblea General reunida en Bariloche (Argentina), la Sociedad Interamericana de Prensa le otorgó de manera póstuma el Gran Premio a la Libertad de Prensa. El Círculo de Periodistas de Bogotá le concedió también una mención póstuma.
Un caso que sigue abierto
El proceso judicial ha sido largo y frustrante. En 1996 se cerró la investigación contra dos sindicados; un año después fue reabierta a petición de la Procuraduría, pero en enero de 2001 un juez los absolvió. El caso quedó en punto muerto, sin una sola condena.
El 13 de marzo de 2013, tras una solicitud presentada por su hijo José Eustorgio Colmenares Ossa y respaldada por Andiarios, la Fiscalía General de la Nación declaró el homicidio crimen de lesa humanidad, con lo cual la acción penal se volvió imprescriptible. La Fiscalía sostuvo que el asesinato formó parte de un ataque sistemático del ELN contra quienes consideraba enemigos por no plegarse a sus consignas, dentro de un plan para desestabilizar la institucionalidad regional. Fue apenas el segundo crimen contra la prensa colombiana en recibir esa calificación, después del de Guillermo Cano.
El 26 de agosto de 2021, una fiscal especializada de Cúcuta emitió órdenes de captura contra cuatro integrantes del Comando Central (COCE) del ELN por este crimen, casi treinta años después de los hechos. La investigación se tramita bajo la Ley 600 de 2000. A la fecha, nadie ha sido condenado.
Legado
Quienes lo trataron lo describen de manera notablemente uniforme: sencillo, jovial, accesible, un cucuteño típico enamorado de su tierra. Cicerón Flórez, su compañero de tres décadas de redacción, lo recordaba como un hombre visionario, atento a los problemas de la región y volcado por completo en el diario. Como periodista buscaba que las crónicas y las entrevistas reflejaran la vida real de los personajes de la provincia; como empresario procuró el bienestar de sus empleados y dejó compañías consolidadas.
Su nombre está hoy en buena parte del mobiliario cívico de la región: el salón de juntas de la Gobernación de Norte de Santander, el auditorio de la Universidad Francisco de Paula Santander, el auditorio de Centrales Eléctricas, el Coliseo Menor de Cúcuta, el parque infantil de Chinácota y el Colegio Municipal Eustorgio Colmenares Baptista del barrio El Salado, creado en 1993. En 2006 se instaló en la sede de La Opinión un busto suyo, obra del escultor Julián Martínez Mogollón. Y desde el 26 de diciembre de 2007 el puente atirantado que cruza la avenida Diagonal Santander sobre el canal Bogotá —primero de los megaproyectos de aquella administración municipal— lleva su nombre, por el Decreto 0554 del 21 de diciembre de 2007.
La dirección del periódico pasó a su hijo José Eustorgio Colmenares Ossa. La Opinión siguió circulando sin interrupción y, en enero de 2024, la casa editorial fue adquirida por el grupo Catalítico, cerrando seis décadas de propiedad familiar.
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