Gremios Unidos, una hermosa institución
La Sociedad de Artesanos «Gremios Unidos» y su instituto de «enseñanza libre», nacidos en 1909 como una de las obras cívicas más queridas de Cúcuta.
pendiente
Por Teodoro Gutiérrez Calderón (Cúcuta, 1923), director del Instituto.
Hoy por hoy, solo quiero ocuparme en historiar la vida y milagros de una institución democrática que ha traído grandes bienes al departamento como ejemplo civilizador, porque ella es una prueba palpable de lo que puede el esfuerzo propio, el esfuerzo individual, cuando se deja encauzar y dirigir por ese hado esquivo que muchos invocan pero muy pocos acatan: el espíritu público. Y esa bella institución es la Sociedad de Artesanos «Gremios Unidos», fundadora y sostenedora del Instituto de su mismo nombre, que ha sido y es su mejor obra y será su mejor gloria.
El 29 de diciembre de 1909 se le dio el último debate a la creación de la Sociedad, y en el acta de aquella sesión se hizo constar lo siguiente: «GREMIOS UNIDOS, expresivo nombre con que se bautizó a la sociedad de artesanos e industriales, por acuerdo unánime de los socios fundadores, y con el fin de que tengan acceso a ella todos los gremios de la ciudad».
Integraron la primera Junta Directiva los siguientes dignatarios: Melitón Angulo Heredia, presidente honorario; Justo Rosas, primer vicepresidente; Onofre P. Atencio, segundo vicepresidente; Pastor Ontiveros, Celso N. Pérez, Eduardo Ramírez L., Manuel J. Calderón y Felipe G. Rangel, vocales; José Agustín Cuéllar, tesorero; Alberto González D., secretario; y Efraín Cárdenas, subsecretario. Figuran además, como socios fundadores: Víctor M. Ontiveros, Saúl Matheus Briceño, Víctor Manuel Galvis, Juan Luis Vega, Ramón Pelayo, José Antonio Fortuna, Froilán Savila y Leandro Cuberos Niño.
Entre los individuos nombrados figuran elementos de todos los partidos y de diferentes nacionalidades; y la posesión de aquella Junta Directiva, que se verificó el 2 de enero de 1910, fue amenizada por la Banda del Batallón 7 de Infantería, acantonado en Cúcuta en aquella época.
En un principio, la sociedad se ocupó en organizar conferencias, en prestar apoyo a los intereses regionales, en la fundación de una Escuela Nocturna de Artesanos, en el establecimiento de una Caja de Ahorros y de Auxilio Mutuo, en la creación de una Biblioteca Popular y en el sostenimiento de su órgano de publicidad, El Artesano; todo lo cual funcionó con entusiasmo y regularidad, venciendo a cada paso poderosos inconvenientes, naturales en toda obra humana.
A la campaña realizada por la corporación en los años 11 y 12 se debe la construcción del actual Palacio de Gobierno. Y fue tal el prestigio de la Sociedad de Artesanos en aquella época, que en la entonces naciente población de Concordia se fundó una corporación similar; y durante algún tiempo se verificaron las reuniones ordinarias con la satisfactoria asistencia de más de 400 socios. Hubo un año en que la lista de los miembros activos pasó del número 1.000.
El 27 de marzo de 1912 se resolvió, en sesión plena, la compra de un local por medio de acciones; y en la discusión sobre la mejor manera de realizar tan necesario empeño tomaron parte los doctores José María Forero Cote, Hermes García G., Miguel Villamora y Ángel Domingo Beroes; los conocidos abogados Daniel Ramírez y Manuel Valentín Sánchez; y el general Leandro Cuberos Niño, que fue el autor de la proposición primitiva.
Y el edificio se construyó como consecuencia de aquellos debates, llenando todas las condiciones requeridas por la higiene y la estética, y está situado en el centro de la ciudad, en la misma manzana que ocupa el Palacio de Gobierno.
No se ha quedado, pues, sin pertenecer a la Sociedad de Artesanos ningún elemento de valía entre los ciudadanos de Cúcuta; y si hoy los primitivos esfuerzos y aquellos anhelos de la colectividad que los inició están circunscritos a la simpatía y al apoyo de una sola filiación política, ello se debe a la cizaña clerical, que no pudo mirar con buenos ojos los progresos de aquella hermosa institución profana, altamente humana y civilizadora, que culminó en la más gloriosa conquista para la tierra del Hombre de las Leyes: la enseñanza libre.
Han sido presidentes de la corporación los siguientes ciudadanos: Justo Rosas, en 1910; Rafael Sanjuán, de 1910 a 1911; Carlos E. Jácome, en 1911; Pedro M. Mejía, en 1912; Domingo Irwin, en 1913; Ernesto Moreno, de 1913 a 1914; Abel Castro, de 1914 a 1915; Pedro Pablo Chacón, en 1915; Eduardo R. Armas, en 1916; Vicente Durán Romero, en 1917; Víctor Ordóñez Sanjuán, de 1917 a 1918, 19 y 20; Francisco Antonio Torres, en 1920 y 21; y Victorino Ordóñez Sanjuán, en 1922 a 23.
El 16 de diciembre de 1914, bajo la presidencia de Abel Castro, fueron propuestas por la Junta Directiva la suspensión de los auxilios que se prestaban a los socios en casos de enfermedad y la creación de la Escuela de Enseñanza Diurna, en todo lo cual tuvo gran intervención el cerebro generoso y progresista del doctor Manuel A. Pineda, según proposición que consta en las actas.
El Concejo Municipal del año 1918, en vista de los adelantos de la escuela, decretó el auxilio mensual de $110 oro para la creación de treinta becas en el Instituto. Y han sido directores de este, en la época que se expresa, los maestros León Gustavo Villamizar, desde 1915 hasta 1920; don Marco Vicente Pérez, en 1920; el general Ramón María Blanco, en 1921; y el suscrito autor de este artículo, desde enero de 1922.
Como subdirector del Instituto, el señor don Rafael Sánchez Inciarte ha contribuido en gran manera al progreso de la institución.
El año pasado subió el personal de alumnos a 130, y en el presente año han concurrido a recibir enseñanza 260 estudiantes. Se nombraron dos maestros más para el manejo interno; se creó la clase de Gimnasia, que está a cargo de un competente profesor que alcanzó en el servicio activo el título de sargento; y el distinguido abogado doctor Manuel José Vargas dicta gratuitamente la clase de Mecanografía a los alumnos más adelantados del plantel. Últimamente se crearon las Excursiones Escolares, y la primera se verificó en octubre pasado, por las poblaciones de Chinácota, Bochalema y Córdoba.
El Instituto da becas y medias becas a los niños probadamente pobres, y es tal la simpatía por el plantel que hay estudiantes venidos desde las vecinas poblaciones de Santiago, San Cayetano, El Rosario, Córdoba y Chinácota. El bazar verificado a beneficio de la escuela en octubre de 1922 fue una prueba del cariño que profesa Cúcuta a su instituto de enseñanza libre. Todo lo que se relaciona con la Escuela de GREMIOS UNIDOS despierta un entusiasmo generoso y febril. Y, por lo que a mí toca, cada día estoy más orgulloso de haber merecido la confianza de la Sociedad de Artesanos al entregarme la dirección de una obra tan patriótica como democrática. Cúcuta, 1923.
Notas oficiales
A propósito de lo anotado por el Dr. Teodoro Gutiérrez Calderón en su artículo «Una hermosa institución» —«a la simpatía y al apoyo de una sola filiación política, ello se debe a la cizaña clerical y política»—, hemos encontrado en los archivos del H. Concejo de Cúcuta dos notas oficiales, referentes a un mínimo auxilio de $20 decretado por el Concejo para favorecer la Escuela Nocturna de Gremios Unidos, y los argumentos para suprimirlo, que dicen así:
San José de Cúcuta, enero 8 de 1912.
Sr. Presidente del H. Concejo Municipal. — Presente.
Se ha impuesto con sorpresa esta Sociedad de que el H. Concejo Municipal que usted preside retiró del presupuesto actual el auxilio de los $20 oro con que el municipio favorecía a la Escuela Nocturna que funciona en la asociación, con el único fin de instruir convenientemente al elemento obrero y prepararlo así para afrontar la lucha por la vida, difícil hoy para quienes no cuentan con el apoyo del esfuerzo intelectual.
Se permite esta Sociedad esperar que el H. Concejo, como genuino representante del pueblo cucuteño en todas sus clases, se dignará reconsiderar la medida dictada, teniendo en cuenta que los individuos que reciben educación en la Escuela Nocturna de la Sociedad son hijos de Cúcuta, de igual modo que lo son también los que asisten a los demás establecimientos del mismo género en la ciudad; que concurren a los estudios, dignos de todo encomio por su interés en educarse, más de 400 miembros, de los cuales muchos entraron analfabetos y hoy, para honor de Cúcuta y de los asociados, ya no lo son; que, siendo esta corporación la más numerosa de las establecidas en la población y, por consiguiente, la que más contribuye con su trabajo honrado a aumentar las arcas del erario municipal, es de creerse, en justicia, que no se le debe quitar la pequeña cuota que otros concejos, en su empeño por todo lo que tienda al progreso moral y engrandecimiento del pueblo, le habían asignado para su educación; y que dicha Sociedad tiene por base el amor a la humanidad y a la justicia, y está compuesta de elementos que no se apartan de sus creencias católicas religiosas.
En espera de que los caballeros que constituyen ese H. Concejo sabrán apreciar las razones que asisten a esta Sociedad para reclamar el auxilio de que ha sido privada, tengo el honor de suscribirme del señor presidente, atento servidor,
El Presidente, Pedro Mejía.
Cúcuta, enero 23 de 1912.
Sr. Presidente de la Sociedad «Gremios Unidos». — E. L. C. En respuesta a su atenta solicitud de fecha 8 de los corrientes, por la cual se sirve pedir que sea reconsiderada la resolución del Concejo por la que fue retirada del presupuesto la partida de veinte pesos oro con que se auxilia mensualmente la Escuela Nocturna de dicha Sociedad, tengo el honor de transcribir a usted la siguiente resolución, que el H. Concejo que tengo la distinción de presidir aprobó por unanimidad en sesión del día 19 de los corrientes:
«La Constitución vigente, sancionada por los partidos políticos del país y con más de setenta y cinco años de existencia, declara que "la Religión Católica, Apostólica, Romana es la de la Nación; los poderes públicos la respetarán y harán que sea respetada, como esencial elemento de orden social". La Ley 35 de 1888, que aprobó el Concordato celebrado con la Santa Sede, dice así:
»Artículo 12. En las universidades, colegios, escuelas y demás centros de enseñanza, la instrucción se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica.
»Artículo 13. Por consiguiente, en dichos centros de enseñanza los respectivos ordinarios diocesanos, ya por sí, ya por medio de delegados especiales, ejercerán el derecho, en lo que se refiere a la religión y la moral, de inspeccionar los textos. El Gobierno impedirá que, en el desempeño de asignaturas literarias y científicas, y en general en todos los ramos de la instrucción, se propaguen ideas contrarias al dogma católico y al respeto y veneración debidos a la Iglesia».
El Concejo, parte del cuerpo administrativo de la Nación, está obligado a respetar y a hacer respetar el sentimiento católico de la totalidad nacional, sin tener en mira las opiniones particulares de sus miembros, aun en el supuesto de que fueran divergentes; y el «Centro Gremios Unidos» de esta ciudad contiene, en el artículo 4 de sus estatutos, la prohibición de hablar de religión y política.
Además, ha sido sometido a censura por el camino trazado por la Constitución Nacional, y tiene que reconocerse como instrucción nociva al pueblo toda aquella que no tenga como fundamento la Religión Católica.
Niégase la solicitud hecha por el presidente de «Gremios Unidos».
De usted, atento servidor, Lázaro Riascos S., Presidente del Concejo Municipal.
Nota de contexto
La Sociedad de Artesanos «Gremios Unidos», fundada a finales de 1909, fue una organización cívica de artesanos e industriales —de inspiración liberal y masónica— que sostuvo desde 1910 un colegio propio (llamado al comienzo «Gimnasio Santander»). Su apuesta por la «enseñanza libre», al margen del control eclesiástico que el Concordato de 1887 daba a la Iglesia, la enfrentó a las autoridades conservadoras de la época, como muestran las notas oficiales de 1912 aquí transcritas.
La institución existe hasta hoy: la Sociedad de Artesanos Gremios Unidos sigue sosteniendo el Colegio Gremios Unidos de Cúcuta. Por sus aulas pasaron figuras notables, entre ellas dos futuros mandatarios: Marcos Pérez Jiménez, presidente de Venezuela, y Virgilio Barco Vargas, presidente de Colombia (quien en 1950 presidió la Junta Directiva del colegio).
Sobre la transcripción: el encabezado del archivo original traía por error el título «Lo que fue el terremoto de Cúcuta», ajeno a este texto; se corrigió. Este artículo es obra de Teodoro Gutiérrez Calderón (1923); las opiniones que expresa son las de su autor y su época.
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