Poblamiento, orígenes e institucionalidad de Norte de Santander

Los cinco «momentos» del poblamiento del territorio nortesantandereano —ciudades, pueblos de indios, parroquias, pueblos del café y pueblos contemporáneos— explicados con sus categorías jurídicas y sus mapas.

Por Silvano Pabón Villamizar, historiador (UIS). Publicado en cucutanuestra.com con autorización del autor. Cartografía del Atlas de CORPONOR / IGAC (base cartográfica CDIHR-UIS, Armando Martínez Garnica).

1. Introducción

El poblamiento del actual territorio de Norte de Santander puede definirse a partir de la comprensión de cinco grandes «momentos», explicados con unas categorías jurídicas adecuadas para cada uno de ellos, según se conceptuaron y verificaron administrativamente los distintos asentamientos coloniales y modernos. En principio se toma en cuenta el gran proyecto de los españoles a la hora de afrontar la empresa de conquista en estas partes, es decir, la ocupación del territorio ancestral prehispánico, acción trazada como el «proyecto de ganar la tierra para gobernarla en razón y con justo título». Esos proyectos de conquista fueron capitulados y concertados bajo una triple y mixta condición jurídica: surgían de la iniciativa privada, se financiaban con capital privado, pero se legalizaban y legitimaban con el Poder Soberano del Rey a través de las capitulaciones, y se realizaban bajo la estructura militar de sus huestes.

Es necesario, entonces, dar una mirada a los primeros tiempos del período hispánico (siglo XVI), a la institucionalización de la doctrina y pueblos de indios (siglo XVII), al crecimiento poblacional de blancos y mestizos que dieron origen a las erecciones parroquiales del siglo XVIII y principios del XIX, y por último a los procesos de poblamientos tardíos, tanto decimonónicos como contemporáneos o del siglo XX.

Veremos entonces cómo sobre los territorios de las naciones étnicas o pueblos prehispánicos se fundaron las ciudades de Pamplona de Indias en 1549, Ocaña en 1570, Salazar de las Palmas en 1583 y San Faustino de los Ríos en 1662, creando cada una de ellas una jurisdicción y unidad territorial: es el «momento de las ciudades». Luego, fundadas las ciudades y establecidos los derechos de vecindad, se debieron poblar las distintas comunidades indígenas encomendadas en «pueblos como los de España», asignándoles sus tierras de resguardo y erigiendo doctrinas de naturales; con ello se constituyó la llamada «república de los indios»: es el «momento de los pueblos» (siglo XVII). Un tercer momento corresponde a las erecciones parroquiales, el «movimiento parroquial granadino», en respuesta a la necesidad de dar territorialidad jurídica a las comunidades campesinas de blancos y mestizos (siglo XVIII y primeras décadas del XIX). El siglo XIX trajo el café y la ampliación vertiginosa de la frontera agrícola: el «momento de los pueblos del café». Y finalmente, los pueblos contemporáneos del siglo XX, formados a la vera de los caminos, del comercio y del petróleo.

Mapa de los grupos étnicos de Norte de Santander al momento de la conquista española
Antes de la Conquista
Grupos étnicos al momento de la conquista española: chitareros y tunebos al oriente y sur, hacaritamas y carates hacia Ocaña, y motilones-barí en las tierras bajas del Catatumbo. Atlas de CORPONOR / IGAC. Ver en grande.

Naciones étnicas de los Andes nororientales a la llegada de los españoles

Los españoles reconocieron en el actual territorio nortesantandereano dos grandes provincias o naciones étnicas, además de innumerables «behetrías» o pueblos de selva en las zonas bajas. Una, la provincia de los chitareros, llamados así por portar asida a la cintura una mochila de fique (chitara) con una vasija de calabazo con «vino de la tierra» o chicha de maíz. Se contaron más de cien pueblos chitareros en los valles de la Antigua Provincia de Pamplona, territorio conocido en tiempos hispánicos tempranos como «Sierras Nevadas», que habitaban desde las laderas del río Chicamocha hasta buena parte del Táchira venezolano. La otra, los pueblos hacaritamas y carates de la parte noroccidental, la extensa provincia de Ocaña.

Se asentaban en estos valles comunidades chitareras como Tapaguá, Arcabuzazo y Chicaguaos en la cuenca del Zulia; Chopo, Tegualaguache, Bochalema, Iscalá, Chinácota y Cúcutas por el río Pamplona; Silos, Cáraba, Labateca y Bochagá por el Chitagá; Cania y Capacho por el Táchira. A la llegada de los españoles, estas comunidades se asentaban sin uniformidad urbanística, distribuyendo sus bohíos por valles y laderas siguiendo el curso de los ríos; de modo que, a pesar de existir aglomeraciones de más de 500 familias, nunca establecieron un poblado o centro urbano declarado. El territorio norte estaba ocupado por poblaciones de selva como la nación Motilón-Barí, sobre las que se plantaron después las ciudades de Salazar de las Palmas y San Faustino de los Ríos. Cada localidad nortesantandereana conserva hoy un patrimonio arqueológico de ese pasado indígena: el museo Magará de Silos, o los petroglifos de Sardinata, Salazar, Santiago, Los Patios, Cucutilla y Teorama.

2. El momento de las ciudades: la hispanización del territorio (siglo XVI)

Las ciudades se consolidaban con el evento de fundación de un asentamiento de españoles, que convertía a las huestes de conquista en cabildos para el ejercicio de la justicia y el gobierno civil. La categoría jurídica que explica el proceso es el verbo fundar: la acción se refrendaba con un acta en el sitio, y luego recibía aprobación oficial con una cédula del Rey que titulaba el asentamiento y su jurisdicción. De hecho, el concepto de ciudad corresponde más a un territorio y una jurisdicción que a un casco urbano, pues importaban más los términos o linderos que la urbe en sí.

Pamplona. La hueste de los capitanes Pedro de Ursúa y Ortún Velasco protocolizó la fundación de la ciudad de Pamplona de Indias el 2 de noviembre de 1549 (día de Todos los Santos, de donde su valle se llamó primero «valle de Todos los Santos»). Los soldados, convertidos en vecinos, pacificaron y encomendaron unas cien comunidades indígenas de una jurisdicción que iba desde el Chicamocha hasta las estribaciones de la cordillera de Mérida, incluyendo los valles cálidos de Cúcuta, el Zulia y el Táchira. Con el descubrimiento de minas de oro en sus páramos, la ciudad se reforzó de pobladores y se convirtió en base de la expansión hispánica. Del Cabildo de Pamplona salieron las fundaciones de Mérida (1558), la villa de San Cristóbal (1561), Ocaña (1570), la ciudad y gobernación del Espíritu Santo de La Grita (1576) y Salazar de las Palmas (1583); por eso a Pamplona se le llama «madre y fundadora de ciudades». En 1555 recibió del Rey su título de ciudad.

Ocaña. Fundada por el capitán Francisco Fernández de Contreras hacia 1570, con el objeto de abrir y asegurar la ruta al río Grande de la Magdalena. La Audiencia de Santafé, observando que el territorio pertenecía a la Gobernación de Santa Marta, remitió el proyecto al gobernador Pedro Fernández de Bustos, quien otorgó la comisión. A la ciudad se le puso Ocaña en honor al gobernador, natural de «Ocaña, en los Reinos de España». Sin minas, su vocación fue comercial y agroganadera, y en estrecha alianza con Pamplona se convirtió en puerto y paso obligado de las mercaderías europeas hacia el interior.

Salazar de las Palmas. Fundada en 1583 por el capitán Alonso Esteban Rangel —maestre de campo del gobernador de La Grita— para pacificar a los indios quiriquíes y motilones que estorbaban la navegación por el río Zulia y asegurar el camino hacia las minas de las bocas de Guira. Según el cronista fray Pedro Simón:

«[…] el que mejor diligencia se dio […] fue el capitán Alonso Esteban Rangel […]. Y así, el año de mil quinientos ochenta y dos, se ofreció a conquistar y pacificar las bocas de esta laguna, principalmente contra los indios motilones […]. Se le despacharon recados en veintisiete de febrero del año siguiente de mil quinientos ochenta y tres […] pobló una ciudad […] a quien llamó Salazar de las Palmas, por las muchas que había en el sitio donde se pobló. Fue de ella alcalde mayor todo el resto de su vida […]. Está a diez o doce leguas de la ciudad de Pamplona, al noroeste».

Salazar se hizo cargo de la reducción de los pueblos del río Salazar, el Peralonso y el Zulia, y ya en el siglo XVII debió poblar a sus indios en el pueblo de doctrina de Santiago.

San Faustino de los Ríos. Fundada posiblemente el 15 de febrero de 1662 por el capitán Antonio de los Ríos Jimeno, en la banda oriental del río Cúcuta, frente al cerro de Tasajero, para hacer la guerra a los indios que impedían la navegación por el Zulia. Pese a las formalidades, la ciudad soportó ataques crónicos de los flecheros motilones; considerada «refugio de forajidos» por el contrabando que facilitaba la ruta, se fue arruinando durante el siglo XVIII —para 1743 estaba en ruinas— hasta desaparecer como entidad política. Hoy es apenas un modesto centro poblado rural de Cúcuta, y de su origen como ciudad y gobernación imperial casi nadie se acuerda.

Mapa de las jurisdicciones de los cabildos de las primeras ciudades, 1538-1662
Momento 1 · Las ciudades (s. XVI)
Jurisdicciones de los cabildos de las primeras ciudades (1538-1662): Pamplona (1549), Ocaña (1570), Salazar de las Palmas (1583) y San Faustino de los Ríos (1662). Atlas de CORPONOR / IGAC. Ver en grande.

3. El momento de los pueblos de indios: la «república de los indios» (siglo XVII)

Se establecieron en aplicación de la política indiana promulgada a partir de las Leyes Nuevas de 1542, que impuso la propuesta del padre fray Bartolomé de las Casas de congregar y poblar a los naturales al margen de las fundaciones españolas. Los pueblos de indios se «poblaron en pueblos» a la usanza de los de España, «dándoles traza para hacer plaza y calles, donde habrían de vivir congregados y en policía». La categoría es el verbo poblar: «los pueblos se pueblan». Los actores fueron los indios, a quienes se devolvía la autoridad étnica para organizar sus comunidades y usufructuar las tierras de resguardo.

En términos de la ciudad de Pamplona, para 1623 se congregaron doce grandes pueblos de indios con su erección en doctrina formal: Chopo, Chinácota y Cúcuta (1641) por el río Pamplona; Silos, Cácota de Velasco y Labateca por el Chitagá; Arboledas por el Zulia; Guaca, Carcasí, Servitá, Cácota de Suratá y Bucaramanga en el actual Santander; además de la doctrina de los páramos en Vetas para los indios mineros. La ciudad de Salazar instituyó el pueblo de indios de Santiago; Ocaña, los de Brotaré, Aspasica, Carasica, Pueblo Nuevo de Boquiní, La Loma de González, Buenavista y El Palmar (hoy Hacarí); y San Faustino, la doctrina de Limoncito de los Motilones. El proceso lo inició el capitán Alonso de Montalvo en 1586 —quien «pobló y dio traza con plaza y calles» a Chopo, Bochalema y Chinácota—, siguió con la asignación de resguardos por Antonio Beltrán de Guevara en 1602, y culminó con las doce doctrinas que erigió el visitador Juan de Villabona y Zubiaurre en 1623. El pueblo de indios de Cúcuta, de ascendencia chitarera, fue poblado en plano fijo por Diego Carrasquilla Maldonado en 1641, en el actual barrio San Luis.

Mapa de los pueblos de indios del siglo XVII en Norte de Santander
Momento 2 · Los pueblos de indios (s. XVII)
Pueblos de indios erigidos como doctrinas: Chopo, Chinácota, Cúcuta, Silos, Cácota, Labateca, Arboledas, Santiago y otros. Atlas de CORPONOR / IGAC. Ver en grande.

4. Movimiento parroquial granadino: el momento de las parroquias (siglo XVIII)

Unos 150 años después del poblamiento indio, se consolidó una creciente masa de blancos y mestizos que fue ocupando los valles fértiles, formando haciendas y estancias en inmediaciones de los pueblos de doctrina. Surgió así la necesidad de dar vida jurídica a esos feligresados no indígenas, para lo cual se erigieron múltiples parroquias diocesanas: el «movimiento parroquial granadino». La categoría es el verbo erigir. Sus agentes fueron los presbíteros seculares y las élites de comerciantes y terratenientes, que querían cura propio y un espacio político local, separándose de los indios a los que estaban «agregados».

Surgieron parroquias como San José del Guasimal (1734) y Nuestra Señora del Rosario (1774), erigidas en torno al pueblo de indios de Cúcuta; el Sagrado Corazón de Bochalema (1757); Nuestra Señora de las Angustias de Toledo (1790); San Cayetano y Santiago Apóstol (1773 y 1778); Santa Bárbara del Llano de la Cruz, hoy Ábrego (1807), a expensas de la propia ciudad de Ocaña. Erigir una parroquia exigía requisitos del derecho canónico tridentino: solicitud firmada, poder a un procurador, escritura de la congrua del cura (unos 200 pesos de oro anuales), compromiso de construir el templo y la casa cural, dotación de las tres cofradías (Santísimo, Ánimas y santo patrón), padrón de vecinos y linderos. Cumplidos, la Real Audiencia preparaba el decreto de erección que firmaba el Virrey. Las parroquias más solventes —El Rosario y San Joseph de Guasimal— ascendieron en 1792 al estatus de villa, con el título de «muy nobles, valientes y leales villas».

Mapa de las parroquias erigidas en las provincias santandereanas hasta 1820
Momento 3 · Las parroquias (s. XVIII)
Parroquias erigidas en las provincias santandereanas hasta 1820; las marcadas surgieron sobre antiguos pueblos de indios. Atlas de CORPONOR / IGAC. Ver en grande.

5. Los pueblos del café (siglo XIX)

Consolidada la Independencia e instaurado el régimen republicano, llegó el café como nuevo producto de exportación y con él una nueva vocación económica. El cultivo exigía roturar más y más tierras, lo que trajo una vertiginosa ampliación de la frontera agrícola, apertura de caminos, construcción de ferrocarriles y nuevos asentamientos. Nacieron pueblos cafeteros como Ragonvalia, Herrán, Durania y La Donjuana, y caseríos como El Diamante y Tescua en Pamplonita, o Lauchema y Palogordo en Villa del Rosario.

Contra lo que sostiene la historiografía tradicional, el café llegó primero no a Rubio ni a Salazar, sino a Villa del Rosario: ya en 1803, productores como Antonio Sánchez Osorio y Pedro Chauveau beneficiaban cacao y café simultáneamente en las riberas del Táchira. El café reemplazó al cacao —arruinado por «la mancha»— como lo describió la Comisión Corográfica de Agustín Codazzi hacia 1850. San José de Cúcuta sirvió de centro comercial y de acopio de toda la producción, que salía por el camino del Zulia hacia Maracaibo y el mundo; Chinácota, Salazar y Pamplona fueron los centros pulsores de la colonización cafetera de las montañas: desde Chinácota se poblaron Ragonvalia, Herrán, La Donjuana y Durania; desde Salazar, Gramalote y Lourdes; desde Pamplona se apoyaron Cucutilla y Arboledas.

6. Los pueblos contemporáneos (siglo XX)

La expansión cafetera y el Ferrocarril modificaron notablemente el espacio. Se desarrollaron poblamientos en climas fríos como Mutiscua (municipio en 1841) y, sobre todo, asentamientos modernos a la vera de los caminos y carreteras: El Zulia (camino a Ocaña y Salazar), La Laguna y Berlín (camino a Bucaramanga), Los Patios y Puerto Santander. Y las colonizaciones de extensas zonas forestales como el Catatumbo —virgen hasta hace pocas décadas—, pulsadas por la explotación de hidrocarburos, de donde surge Tibú y sus corregimientos: los «pueblos del petróleo».

Mapa de los asentamientos producidos por colonizaciones de los siglos XIX y XX
Momentos 4 y 5 · Café y pueblos modernos (s. XIX-XX)
Asentamientos producidos por las colonizaciones de los siglos XIX y XX, con el sentido del desplazamiento poblacional. Atlas de CORPONOR / IGAC (Silvano Pabón Villamizar). Ver en grande.

7. A manera de conclusión

Con el conocimiento adecuado de estos orígenes, los nortesantandereanos tendrán un mejor soporte de su génesis identitaria. Al pisar la plaza central de cualquier localidad se podrá preguntar cuál es su origen, y responder: es una ciudad española, un pueblo de indios, una parroquia granadina, un pueblo cafetero o un pueblo contemporáneo. En la plaza Águeda Gallardo de Pamplona podrá exclamarse: «¡Esta es una ciudad española, fundada en el siglo XVI!»; en la «Esquina del Matacho» de Silos: «este es un pueblo de indios, poblado en 1602 y erigido como doctrina en 1623»; en Ábrego, «una parroquia diocesana erigida en tiempos coloniales»; y en El Zulia, Los Patios o Puerto Santander, «asentamientos creados a la vera de los caminos». No solo los municipios actuales, también los centros poblados rurales tienen su origen en estos momentos: San Faustino, de una ciudad española; Aspasica u Otaré, de pueblos de indios; Villa Sucre o El Carmen de Nazaret, de pueblos cafeteros.

Origen e institucionalidad de los asentamientos (síntesis)

Momento y categoríaAsentamientoInstitucionalizaciónNombre actual
Ciudades fundadas
Siglo XVI
Pamplona de Indias1549Pamplona
Ocaña1570Ocaña
Salazar de las Palmas1583Salazar
Pueblos de indios
Siglo XVII
Chopo1583, 1602 y 1623Pamplonita
Chinácota1586, 1602 y 1623Chinácota
Cácota de Velasco1602 y 1623Cácota
Arboledas1602 y 1623Arboledas
Silos1602 y 1623Silos
Labateca1602 y 1623Labateca
Santiago1643Santiago
La Palma1788Hacarí
Movimiento parroquial
Siglo XVIII
San Josef del Guasimal1734San José de Cúcuta
Sagrado Corazón de Bochalema1757Bochalema
Nuestra Señora del Rosario1761Villa del Rosario
San Cayetano1774San Cayetano
Ntra. Sra. de las Angustias de Toledo1790Toledo
La Concepción de Cucutilla1804Cucutilla
Sta. Bárbara del Llano de la Cruz1807Ábrego
San Isidro Labrador de Teorama1812Teorama
Pueblos del café
Siglo XIX
San Pedro1826, 1857 y 1889Villa Caro
Galindo1864Gramalote
Planadas, Concordia1877Ragonvalia
Sardinata1906Sardinata
Mundo Nuevo1911Herrán
Córdoba1911Durania
Pueblos contemporáneos
Siglo XX
El Zulia1959El Zulia
Los Patios1985Los Patios
Puerto Santander1994Puerto Santander
Tibú1977Tibú

Fuente de la tabla: Pabón Villamizar, Silvano. Historia del Poblamiento…

Nota de contexto

Este estudio del historiador Silvano Pabón Villamizar (UIS) ordena el poblamiento de Norte de Santander en cinco «momentos», cada uno con su propia categoría jurídica colonial —fundar ciudades, poblar pueblos de indios, erigir parroquias—, y muestra cómo la Cúcuta actual proviene de la fusión, en el siglo XIX, del pueblo de indios de Cúcuta y de la parroquia de San José del Guasimal. Complementa el ensayo breve «Cúcuta ni es ciudad ni fue fundada» y el relato tradicional de la fundación de 1733.

Los cinco mapas provienen del Atlas de CORPONOR (base cartográfica CDIHR-UIS, IGAC), y cada uno tiene además su propia página con mayor detalle. Las citas de cronistas (fray Pedro Simón, fray Pedro Aguado) y de Codazzi se transcriben como aparecen en la obra; los textos coloniales conservan su ortografía de época.