Equidad, autonomía y territorio · análisis reciente

Mujeres y ciudad en Cúcuta: autonomía, cuidado y derecho a vivir seguras

Las mujeres sostienen hogares, comercios, cuidados y organizaciones, pero no siempre reciben el mismo ingreso, tiempo, seguridad o poder de decisión. Mirar Cúcuta desde su experiencia permite descubrir barreras que las estadísticas generales dejan ocultas.

Centro de Cúcuta como espacio cotidiano de trabajo, movilidad y participación de las mujeres
El derecho a la ciudad también se mide en trayectos seguros, oportunidades económicas, servicios de cuidado y capacidad de participar en las decisiones. Imagen de archivo de Cucutanuestra.

No existe una sola experiencia de ser mujer

Hablar de las mujeres de Cúcuta incluye comerciantes, trabajadoras asalariadas, cuidadoras, estudiantes, empresarias, campesinas, migrantes, víctimas, mujeres con discapacidad y adultas mayores. La edad, el barrio, la etnia, el ingreso y la situación documental cambian las oportunidades y los riesgos.

Una política general puede beneficiar a quienes ya conocen las convocatorias y dejar atrás a quienes carecen de tiempo, transporte o conectividad. Por eso el enfoque de género debe combinarse con territorio y diversidad.

La formulación de la Política Pública de Mujer y Equidad de Género comenzó con diálogos en comunas y corregimientos y continuó durante 2025 con selección de alternativas. El paso decisivo será convertir esas voces en metas, responsables, presupuesto y seguimiento público.

El trabajo remunerado todavía parte de condiciones desiguales

Las brechas laborales no dependen solo de preparación. Las mujeres suelen concentrarse en comercio, servicios, cuidado, confección, alimentos y ocupaciones informales con ingresos variables y escasa protección. La responsabilidad doméstica limita horarios, distancia y continuidad.

El DANE mantiene indicadores de mercado laboral por sexo y muestra una brecha nacional persistente en participación y desempleo. Para Cúcuta conviene publicar periódicamente ocupación, informalidad, ingreso y horas trabajadas, desagregando edad y hogar.

Las jornadas locales de empleabilidad con enfoque de género son un puente útil si conducen a contrataciones y permanencia. Medir asistentes o empresas convocadas no permite saber cuántas mujeres obtuvieron empleo digno y lo conservaron.

Capacitar es un medio, no el resultado final

En 2025 un convenio municipal reportó 917 mujeres formadas en estética, cocina, confección, sistemas, ventas y emprendimiento, además de derechos y salud mental. La escala es relevante, pero la evaluación debe seguir lo ocurrido después.

Una formación transforma cuando responde a demanda, permite certificar competencias y se conecta con empleo, capital o clientes. Repetir cursos en sectores saturados puede aumentar competencia entre mujeres sin mejorar ingresos.

También es necesario abrir áreas menos feminizadas: tecnología, mantenimiento, logística, energía y oficios industriales. Los servicios de cuidado y transporte son parte del programa laboral porque determinan quién puede asistir y aceptar un empleo.

Emprendimiento con mercado y protección

En una ciudad informal, emprender puede expresar talento o necesidad. Muchas mujeres producen alimentos, cosen, venden por redes o prestan servicios desde casa para combinar ingreso y cuidado. Esa flexibilidad también puede ocultar jornadas largas y ganancia baja.

El apoyo debe incluir costos, registro, compras, canales de venta, crédito responsable y seguridad social. Entregar insumos sin seguimiento puede crear una unidad frágil; acompañar ventas y flujo de caja permite corregir antes del cierre.

La contratación pública y las cadenas de grandes empresas pueden reservar oportunidades dentro de las reglas. Asociarse ayuda a alcanzar volumen, siempre que la organización no imponga trabajo adicional sin remuneración.

El cuidado sostiene la economía que sí se cuenta

Cocinar, limpiar, acompañar a una persona mayor, cuidar niños o gestionar citas produce bienestar y permite que otros trabajen. Gran parte de esa labor no se remunera y recae sobre mujeres. El resultado es menos tiempo para descansar, estudiar, participar o generar ingreso.

Cúcuta instaló la Comisión Intersectorial del Sistema Municipal del Cuidado CuidArte y abrió centros para acercar servicios a personas cuidadoras y cuidadas. El modelo puede convertirse en una transformación estructural si ofrece respiro, formación, atención y rutas, y no solamente actividades ocasionales.

La corresponsabilidad incluye hombres, familias, comunidad, empresas y Estado. Horarios laborales flexibles y servicios próximos ayudan, pero no deben reforzar la idea de que cuidar continúa siendo obligación femenina con un poco de apoyo.

Violencias que ocurren en relaciones cercanas

El diagnóstico municipal incluido en el Plan de Desarrollo señala que las mujeres concentran la afectación por violencia y que pareja y expareja aparecen con frecuencia entre agresores. Esa proximidad hace más difícil pedir ayuda: vivienda, hijos e ingresos pueden depender de la misma relación.

La violencia no comienza necesariamente con una lesión. Control del dinero, aislamiento, amenazas, vigilancia digital y humillación son señales que requieren atención. Esperar a una agresión grave reduce posibilidades de prevención.

Las estrategias Territorio Morado y Carpa Morada acercan información y equipos jurídicos, psicológicos y sociales. Su eficacia debe medirse por acceso, medidas de protección, continuidad y seguridad posterior, no por personas sensibilizadas.

Una ruta debe acompañar, no enviar de puerta en puerta

Una sobreviviente puede necesitar urgencias, denuncia, protección, alojamiento, alimentos, representación legal y apoyo emocional. Si cada entidad repite preguntas o desconoce la actuación anterior, la ruta se convierte en una carga adicional.

La línea nacional 155 orienta y los mecanismos locales deben garantizar respuesta presencial. Un expediente coordinado, con reserva, puede reducir revictimización. Las instituciones necesitan acuerdos sobre tiempos y responsables.

La salida de la violencia también requiere autonomía material. Sin ingreso ni lugar seguro, una medida temporal puede vencerse antes de que la mujer pueda reorganizar su vida. La protección debe conectar vivienda, empleo, cuidado y justicia.

Salud integral a lo largo de la vida

La salud de las mujeres no se limita a embarazo y maternidad. Incluye prevención de cáncer, salud sexual y reproductiva, enfermedades crónicas, salud mental, discapacidad y envejecimiento.

La atención materna debe ofrecer información, consentimiento y trato respetuoso. La sensibilización local sobre violencia obstétrica pone el tema en agenda, pero la mejora requiere protocolos, auditoría clínica y canales de queja capaces de producir cambios.

Horarios, transporte, cuidado de hijos y afiliación pueden impedir consultas. Equipos territoriales y atención primaria acercan servicios, especialmente a mujeres rurales, migrantes y cuidadoras que posponen su propia salud.

Movilidad y espacio público desde los viajes de cuidado

La planificación suele observar el viaje directo entre hogar y trabajo. Muchas mujeres encadenan colegio, mercado, consulta, cuidado y empleo, con niños, paquetes o personas dependientes. Las rutas radiales y transbordos costosos penalizan esos recorridos.

Paraderos iluminados, frecuencia, información, aceras continuas y respuesta al acoso amplían autonomía. La percepción de inseguridad modifica horarios, rutas y oportunidades incluso cuando no aparece en denuncias.

Las auditorías de seguridad con mujeres de distintos barrios pueden identificar puntos y horarios. El transporte metropolitano debería medir experiencia por sexo y propósito de viaje, no solo número de pasajeros.

Vivienda, patrimonio y capacidad de decidir

Tener un ingreso no garantiza autonomía si los activos, contratos o decisiones permanecen en manos de otra persona. Titulación, arriendo seguro, acceso a crédito y educación financiera influyen en la posibilidad de salir de una relación violenta y construir estabilidad.

Los programas de vivienda deberían revisar quién queda como titular y cómo se protegen derechos en separaciones. Para mujeres rurales, tierra, asistencia técnica y comercialización forman una sola cadena de autonomía.

El acceso a servicios básicos y una ubicación cercana al cuidado también importan. Una vivienda barata pero aislada puede aumentar gasto de tiempo y transporte.

Mujeres migrantes y fronterizas

Cúcuta es lugar de tránsito, destino y retorno. Mujeres migrantes pueden enfrentar documentación incompleta, discriminación, empleo precario, falta de redes y responsabilidad exclusiva sobre hijos. La trata y explotación aprovechan esas vulnerabilidades.

ONU Mujeres destaca que las políticas migratorias deben integrar cuidado, salud sexual, protección laboral y servicios para sobrevivientes. La regularización facilita acceso, pero no elimina barreras culturales ni económicas.

El Centro Intégrate y las rutas locales pueden concentrar orientación. Se necesita información segura en terminales, puentes, salud y barrios, evitando exponer a quienes buscan ayuda frente a redes de explotación.

Desplazamiento del Catatumbo y riesgos acumulados

La emergencia de 2025 llevó a Cúcuta mujeres con hijos, personas mayores y familiares dependientes. Además de perder vivienda e ingreso, algunas llegaron expuestas a violencia sexual, amenazas, estafas y separación familiar.

Las jornadas municipales divulgaron líneas y rutas, una acción necesaria durante la recepción. La respuesta de mediano plazo debe ofrecer alojamiento con privacidad, atención psicosocial, ingresos y cuidado, pues los riesgos persisten después de salir del albergue.

Las mujeres desplazadas no son solamente beneficiarias; conocen su territorio y pueden participar en el diseño de retorno, reubicación e integración. Hablar por ellas reproduce la pérdida de control que el desplazamiento ya produjo.

Mujeres rurales: distancia y producción invisible

En los corregimientos, llegar a salud, formación o justicia puede requerir horas y dinero. La conectividad irregular limita trámites y ventas. Las mujeres participan en agricultura, transformación y cuidado sin que siempre se reconozca su aporte económico.

Los proyectos productivos deben incluir propiedad, asistencia, agua, transporte y acceso a mercados. Una huerta o unidad pecuaria sin comprador estable puede aumentar trabajo sin mejorar autonomía.

Servicios itinerantes y formación en territorio reducen barreras, pero las decisiones deben incorporar organizaciones rurales. La política municipal necesita indicadores diferenciados para no declarar cobertura con una actividad en el casco urbano.

Participación con poder e información

La representación femenina ha crecido en organizaciones comunitarias y espacios públicos, pero persisten violencia política, sobrecarga y barreras de financiación. Participar después de cuidar y trabajar implica una jornada adicional.

El Consejo Consultivo de Mujeres puede acompañar formulación y seguimiento de la política si recibe información, respuesta institucional y diversidad territorial. No debe convertirse en un espacio ceremonial.

La participación también ocurre en juntas, asociaciones de reciclaje, colectivos culturales y redes de cuidado. Reconocer esos liderazgos amplía la definición de política más allá de cargos electos.

Una política pública que pueda exigirse

El proceso de formulación ha identificado ejes de vida libre de violencias, educación, economía, participación, cultura, salud y cuidado. Para volverse política efectiva debe contar con línea base, metas, financiación plurianual y una entidad responsable de coordinar.

Los indicadores deben medir cambios: ingresos, tiempo de cuidado, respuesta judicial, salud y representación. Contar talleres es útil para gestión, pero insuficiente para saber si disminuyó una brecha.

El presupuesto con enfoque de género no significa una bolsa separada para mujeres. Implica revisar cómo transporte, vivienda, seguridad y desarrollo económico distribuyen beneficios. La equidad debe atravesar toda la administración.

Qué mirar hacia adelante

  • Adopción, presupuesto e indicadores de la Política Pública de Mujeres.
  • Brechas de empleo, informalidad, ingresos y protección social por sexo.
  • Resultados económicos posteriores a formación y capital para emprendedoras.
  • Cobertura, respiro y tiempo liberado por el Sistema Municipal del Cuidado.
  • Tiempo y continuidad de las rutas frente a violencias basadas en género.
  • Movilidad segura, salud integral y acceso territorial de mujeres rurales.
  • Participación efectiva de migrantes, desplazadas, cuidadoras y mujeres diversas.

Fuentes consultadas

El análisis combina documentos de política municipal, programas recientes, estadísticas nacionales y orientaciones sobre movilidad humana. Las cifras de actividades corresponden a los periodos informados y no sustituyen la medición de resultados.