
La transformación silenciosa
Las ciudades suelen planear pensando en población joven que estudia, trabaja y se desplaza con facilidad. Sin embargo, la transición demográfica cambia lentamente esa imagen. Menos nacimientos, mayor supervivencia y más años de vida elevan la presencia de personas mayores y prolongan el tiempo en que pueden requerir distintos niveles de apoyo.
Envejecer no equivale automáticamente a enfermar ni a depender. Una persona de 65 años puede trabajar, cuidar nietos, liderar su comunidad o emprender; otra de la misma edad puede necesitar ayuda para tareas básicas. La diversidad aumenta con los años y obliga a abandonar respuestas uniformes.
Cúcuta necesita medir esta realidad por comunas, sexo, edad, discapacidad, afiliación sanitaria, ingresos y composición del hogar. Sin un diagnóstico periódico, la ciudad solo conocerá a quienes llegan a un programa y dejará fuera a quienes viven aislados o desconocen la oferta.
Una política basada en derechos, no en favores
La Política Pública Nacional de Envejecimiento y Vejez 2022-2031 plantea una vejez digna, autónoma e independiente, con igualdad y no discriminación. Ese enfoque cambia la pregunta: no se trata solamente de qué beneficios se entregan, sino de qué condiciones permiten decidir, participar y continuar el propio proyecto de vida.
Las celebraciones, encuentros recreativos y ayudas materiales pueden ser valiosos, pero no sustituyen continuidad médica, protección frente al maltrato, accesibilidad o seguridad económica. Tampoco todas las personas mayores son vulnerables de la misma manera.
Una política local debería definir metas verificables para prevención, cuidado, vivienda, movilidad, participación y protección. El presupuesto tendría que mostrar cuánto se destina a cada resultado y no solo cuántas actividades se realizaron.
Salud: conservar capacidad antes que atender crisis
Con la edad crece la frecuencia de hipertensión, diabetes, enfermedad cardiovascular, alteraciones visuales y auditivas, dolor, fragilidad y deterioro cognitivo. Cuando cada condición se atiende por separado, una persona puede acumular consultas, exámenes y medicamentos sin que nadie revise su funcionamiento integral.
La atención primaria debe valorar movilidad, nutrición, memoria, ánimo, visión, audición y riesgo de caídas. Controlar una cifra clínica es insuficiente si la persona ya no puede cocinar, llegar a la consulta o comprender el tratamiento. La rehabilitación y el seguimiento domiciliario pueden evitar hospitalizaciones y dependencia prevenible.
La red metropolitana analizada en otro artículo de esta serie debería coordinar historias, remisiones, entrega de medicamentos y cuidado posterior al alta. Para una persona mayor, una demora administrativa puede convertirse rápidamente en deterioro físico.
El calor y el barrio también son asuntos de salud
El clima cálido de Cúcuta añade riesgos de deshidratación y agotamiento, especialmente para quienes tienen enfermedades crónicas, viven solos o toman varios medicamentos. Viviendas mal ventiladas y recorridos sin sombra reducen actividad y autonomía.
La adaptación climática debe incluir alertas comprensibles, puntos de hidratación, arborización, refugios frescos y seguimiento comunitario durante episodios extremos. No basta emitir una recomendación digital para personas que quizá no usan redes o no pueden modificar su vivienda.
El barrio es una primera línea de prevención. Una tienda cercana, un vecino atento, un parque caminable y un puesto de salud accesible sostienen más independencia que un servicio distante al que solo se llega acompañado.
Cuidar tiene un costo humano y económico
Gran parte del cuidado ocurre dentro de los hogares y suele recaer sobre mujeres. Acompañar citas, preparar alimentos, administrar medicamentos, asear y supervisar puede ocupar el día completo. Sin descanso, formación ni ingresos, quien cuida también enferma y pierde oportunidades laborales.
El Sistema Municipal del Cuidado CuidArte representa un avance porque reconoce a cuidadores y personas cuidadas, articula servicios y acerca atención a sectores como La Libertad. Su consolidación requerirá cobertura territorial, horarios útiles, personal estable, mecanismos de respiro y medición de resultados.
Una red completa combinaría apoyo domiciliario, centros diurnos, rehabilitación, teleasistencia, orientación legal y estancias temporales. La institucionalización permanente debe reservarse para cuando sea necesaria, no convertirse en la única respuesta disponible para una familia agotada.
Vivir solo no siempre significa estar solo
La soledad elegida puede expresar autonomía; el aislamiento involuntario, en cambio, aumenta riesgos. Una caída, una estafa o una descompensación pueden pasar inadvertidas. La pérdida de pareja, amistades, trabajo y movilidad reduce redes que antes daban sentido y apoyo.
Los programas comunitarios necesitan ir más allá de convocar a quienes ya participan. Visitas de equipos de salud, líderes barriales capacitados y canales de alerta pueden identificar a personas desconectadas. Siempre deben respetar privacidad y consentimiento.
La tecnología ayuda mediante llamadas, recordatorios o botones de emergencia, pero no reemplaza presencia humana. Enseñar habilidades digitales permite comunicarse y hacer trámites; obligar a usar exclusivamente una aplicación crea una nueva barrera.
Ingresos: la vejez refleja toda la vida laboral
Una ciudad con alta informalidad llega a la vejez con muchas trayectorias sin cotización suficiente. Algunas personas continúan trabajando por elección; otras venden, cuidan, reciclan o hacen oficios porque no poseen pensión ni ahorro. La dependencia económica puede incrementar exposición a abuso y abandono.
Colombia Mayor ofrece protección a población desamparada o en pobreza extrema, pero una transferencia no resuelve por sí sola vivienda, medicamentos y alimentación. Es necesario facilitar trámites, evitar desplazamientos repetidos y orientar sobre derechos y servicios complementarios.
Quien desea trabajar debería encontrar opciones compatibles con su capacidad, sin edadismo. Mentorías, oficios flexibles, economía del cuidado y emprendimientos asociativos pueden aprovechar experiencia. La política debe proteger del trabajo peligroso y, a la vez, evitar que la edad cierre toda oportunidad.
La vivienda puede conservar o quitar autonomía
Muchos accidentes suceden dentro del hogar: escalones, baños resbalosos, iluminación insuficiente y ausencia de apoyos. Pequeñas adaptaciones pueden prolongar años de vida independiente a menor costo que una atención institucional.
Los programas de mejoramiento deberían incorporar evaluación funcional, barras, pisos seguros, rampas, ventilación e iluminación. En vivienda nueva, el diseño universal evita reformas posteriores y sirve también a personas temporalmente lesionadas, familias con coches infantiles y habitantes con discapacidad.
Envejecer en el propio barrio suele preservar vínculos y orientación. Pero esa posibilidad depende de servicios próximos y seguridad. La renovación urbana no debería expulsar a propietarios mayores mediante costos crecientes o romper redes comunitarias construidas durante décadas.
Caminar por Cúcuta como prueba de autonomía
Una acera rota, ocupada o sin rebaje puede encerrar a una persona que utiliza bastón o caminador. Cruzar una avenida con semáforo corto, esperar bajo el sol o subir a un vehículo alto convierte un recorrido sencillo en riesgo.
La accesibilidad debe revisarse como una cadena continua: puerta, acera, cruce, paradero, vehículo y destino. Arreglar un tramo aislado no sirve si la barrera reaparece unos metros después. Bancas con respaldo, baños accesibles, sombra y señalización legible amplían el radio cotidiano.
El futuro sistema de transporte metropolitano debería considerar ascenso bajo, prioridad real, tiempo suficiente, información visual y auditiva y capacitación a conductores. Diseñar para la persona con menor movilidad mejora orden y comodidad para todos.
Maltrato, abandono y protección efectiva
El maltrato puede ser físico, psicológico, económico o negligente. A veces ocurre dentro de relaciones de dependencia donde la víctima teme perder vivienda o cuidado si denuncia. También hay apropiación de pensiones, presión sobre propiedades y estafas dirigidas.
La respuesta necesita rutas conocidas, confidenciales y rápidas entre salud, Policía, justicia y Bienestar Social. Los funcionarios deben reconocer señales y evaluar riesgo sin infantilizar. Retirar a la persona de su entorno no siempre es la primera ni la mejor medida, pero la protección urgente debe estar disponible.
El Centro de Protección municipal recibe solicitudes para personas sin red familiar, un recurso indispensable para casos extremos. La ciudad debe publicar capacidad, criterios, tiempos y alternativas, y supervisar la calidad de centros públicos y privados.
Migración, desplazamiento y documentos incompletos
Cúcuta recibe personas mayores venezolanas, retornadas y desplazadas del Catatumbo. Algunas llegan separadas de sus redes, con tratamientos interrumpidos, ingresos escasos o documentos pendientes. Sus necesidades pueden quedar repartidas entre sistemas humanitarios, sanitarios y sociales.
La orientación debe reunir regularización, afiliación, medicamentos, alojamiento y reunificación cuando sea posible. Las emergencias necesitan espacios accesibles, dietas adecuadas, continuidad de tratamientos y registro de apoyos funcionales.
Una política de acogida que ignore la edad corre el riesgo de contar personas sin comprender dependencia. Integrar esta variable en albergues y caracterizaciones evita respuestas iguales ante necesidades muy diferentes.
Participar, aprender y transmitir memoria
Las personas mayores no son solo receptoras de servicios. Dirigen asociaciones, sostienen familias, conservan oficios y transmiten la memoria de los barrios. Consultarlas después de diseñar un proyecto no es participación; deben intervenir en diagnóstico, prioridades y evaluación.
Consejos de mayores con representación territorial, encuentros intergeneracionales, alfabetización digital y programas culturales pueden fortalecer voz pública. Las universidades aportarían consultorios, formación y proyectos donde estudiantes aprendan con quienes han vivido las transformaciones de la ciudad.
Cucutanuestra tiene aquí una misión coherente con su historia: registrar relatos, fotografías y saberes sin convertir a sus protagonistas en piezas del pasado. La memoria permanece viva cuando participa en el presente.
Hacia una Cúcuta amigable con todas las edades
La Organización Mundial de la Salud propone revisar ocho ámbitos: espacios y edificios, transporte, vivienda, participación social, respeto e inclusión, participación cívica y empleo, comunicación y servicios comunitarios y de salud. Cúcuta podría usar este marco para una autoevaluación hecha con personas mayores de distintas comunas.
El proceso debería comenzar con una línea base y recorridos barriales, continuar con un plan de tres años y publicar indicadores sencillos: caídas, acceso a atención, tiempo de viaje, soledad, participación, cuidadores atendidos y viviendas adaptadas. Una adhesión simbólica sin medición tendría poco valor.
Preparar la ciudad para envejecer no beneficia a una minoría separada. Todos estamos envejeciendo. La calidad de la vejez futura se construye hoy en el trabajo formal, la prevención, el barrio, la vivienda y la forma en que reconocemos a quienes ya recorrieron buena parte del camino.
Qué mirar hacia adelante
- Caracterización de personas mayores por comuna, hogar, ingreso, discapacidad y red de apoyo.
- Cobertura, servicios y resultados de CuidArte y demás centros de atención.
- Continuidad de medicamentos, prevención de caídas y atención domiciliaria.
- Accesibilidad completa de aceras, cruces, paraderos, vehículos y edificios públicos.
- Apoyo económico, descanso y formación para personas cuidadoras.
- Participación directa de mayores en una política local medible y plurianual.
Fuentes consultadas
Este análisis combina la política nacional vigente, planeación territorial, programas municipales y orientaciones internacionales. La diversidad entre personas mayores exige evitar generalizaciones y actualizar periódicamente los diagnósticos locales.
- Ministerio de Salud: Política Pública Nacional de Envejecimiento y Vejez 2022-2031
- Decreto 681 de 2022: adopción de la política nacional
- Plan de Desarrollo de Norte de Santander 2024-2027
- Alcaldía de Cúcuta: Sistema Municipal del Cuidado y Centros CuidArte
- Alcaldía de Cúcuta: Centro de Protección para el Adulto Mayor
- Alcaldía de Cúcuta: movilidad asistida en el centro municipal
- Alcaldía de Cúcuta: atención local de Colombia Mayor
- Organización Mundial de la Salud: Ciudades globales amigables con los mayores
- OMS: indicadores para medir ciudades adaptadas a las personas mayores