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La informalidad en Cúcuta: el gran reto que no se resuelve solo con tecnología

La informalidad en Cúcuta no es una rareza estadística. Es una forma de supervivencia que se volvió estructura económica. Por eso hablar de modernización, comercio digital o emprendimiento sin mirar la base informal de la ciudad deja por fuera la mitad de la conversación.

Actividad comercial popular en Cúcuta
Actividad comercial popular en Cúcuta. Imagen de archivo de Cucutanuestra.

El rebusque como respuesta, no como folclor

En Cúcuta muchas personas no entraron a la informalidad por vocación emprendedora sino por necesidad. La frontera, los cierres comerciales, la migración, la volatilidad del bolívar, el desempleo y la baja capacidad de muchas empresas para contratar formalmente han empujado a miles de hogares a resolver el día a día con ventas, oficios, domicilios, transporte, servicios personales o pequeños negocios.

Romantizar el rebusque es injusto. Detrás de esa palabra hay jornadas largas, ingresos variables, falta de pensión, ausencia de protección laboral y una enorme dificultad para planear. La informalidad permite sobrevivir, pero rara vez permite acumular capital, mejorar productividad o romper ciclos de vulnerabilidad.

Los reportes del DANE y de DataCúcuta ubican a la ciudad y su área metropolitana con niveles altos de informalidad frente al promedio urbano nacional. Esto no significa que la gente no trabaje. Significa que trabaja en condiciones débiles, muchas veces sin contrato, sin aportes completos y sin estabilidad.

La trampa de creer que todo se arregla con aplicaciones

En los últimos años se ha vuelto común hablar de transformación digital como si bastara con abrir redes sociales, aceptar transferencias o vender por plataformas. Es cierto que la tecnología ayuda: permite mostrar productos, recibir pagos, coordinar entregas y llegar a clientes nuevos. Pero digitalizar un negocio informal no lo convierte automáticamente en un negocio sostenible.

Un vendedor puede tener catálogo en WhatsApp y seguir sin contabilidad. Un taller puede recibir pagos digitales y no tener seguridad social. Un restaurante puede usar domicilios y operar con trabajadores sin protección. El problema no es la herramienta; el problema es la base económica sobre la que se usa.

La verdadera digitalización de Cúcuta debe ir acompañada de educación financiera, formalización gradual, acceso a crédito razonable, capacitación técnica, simplificación tributaria y acompañamiento. De lo contrario, se moderniza la vitrina pero no la estructura.

Capital humano: donde se decide el futuro laboral

La UFPS, el SENA, las agencias públicas de empleo y los programas gremiales han empezado a construir puentes entre formación y mercado. Ferias de empleo, vacantes, orientación laboral y retos tecnológicos muestran que hay una preocupación por conectar jóvenes y trabajadores con oportunidades más formales.

Pero el salto no depende solo de ofertar vacantes. Muchas empresas necesitan perfiles técnicos, digitales, comerciales y logísticos que no siempre encuentran. Al mismo tiempo, muchos trabajadores necesitan formación corta, práctica y compatible con sus obligaciones familiares. La ciudad debe diseñar formación para la economía que realmente tiene, no para una economía imaginaria.

Sectores como construcción, comercio exterior, turismo, gastronomía, tecnologías aplicadas, logística, servicios de salud y mantenimiento pueden absorber talento si se coordinan mejor con instituciones educativas. La informalidad baja cuando hay empleos posibles, no solo cuando hay campañas para registrarse.

Formalizar sin asfixiar

Una política seria de formalización en Cúcuta debe reconocer que muchos negocios pequeños viven al día. Pedirles que cumplan de golpe todos los requisitos puede empujarlos a esconderse más. La ruta debe ser gradual: registro, facturación sencilla, educación contable, acceso a compras institucionales, microcrédito, seguridad social flexible y acompañamiento.

La ciudad necesita tratar al informal no como enemigo de la economía, sino como alguien que ya participa en ella desde una posición débil. El objetivo no debe ser perseguir por perseguir, sino crear condiciones para que formalizarse sea más útil que permanecer por fuera.

Si Cúcuta logra conectar su cultura comercial con mejores capacidades productivas, la informalidad puede dejar de ser destino. Pero eso exige una mirada larga: menos eslogan de emprendimiento y más infraestructura institucional para que un negocio pequeño pueda crecer sin romperse.

Qué mirar hacia adelante

  • Tasas trimestrales de informalidad laboral en Cúcuta A.M.
  • Resultados de ferias de empleo y porcentaje real de enganche.
  • Programas de innovación y formación para microempresas.
  • Acceso de trabajadores independientes a seguridad social y crédito.

Fuentes consultadas

Este artículo cruza fuentes oficiales, gremiales, académicas o humanitarias. No es una noticia de última hora, sino una lectura de contexto sobre la Cúcuta reciente.