- Comuna
- Comuna 9
- Nombre inicial
- Ramal Fosforito
- Primer referente
- Marcos Durán, conocido como Fosforito
- Legalización
- 1946, según reseña periodística reciente
- Escala
- Sector de 11 cuadras, según La Opinión
- Referentes
- Santísima Trinidad, Instituto Técnico Alejandro Gutiérrez Calderón, parque Víctor M. Guerrero y Canal Bogotá
Ramal Fosforito: el primer nombre
Antes de llamarse Cundinamarca, el barrio fue conocido como Ramal Fosforito. La Opinión ubica su origen hacia 1920, mientras que la crónica recopilada por Silvano Pabón Villamizar lo relaciona con la segunda década del siglo XX y con ocupaciones sobre tierras baldías y ejidos municipales.
El nombre rendía homenaje al apodo de Marcos Durán, recordado como primer poblador y figura querida por los vecinos. Según las memorias, Durán era torero y recibió el apodo de Fosforito. Con el tiempo, el nombre del hombre se volvió nombre del asentamiento.
Este tipo de origen revela cómo la ciudad popular se nombra: no desde decretos, sino desde personajes, oficios, apodos, afectos y referencias que la comunidad entiende sin necesidad de mapas.
De Fosforito a Cundinamarca
Cuando llegó el momento de legalizar el sector para contratar el servicio de energía, Marcos Durán decidió cambiar el nombre a Cundinamarca. Las fuentes coinciden en que no se conocen con certeza sus razones, pero la comunidad aceptó la decisión por el respeto que le tenía.
La legalización, ubicada por La Opinión en 1946, no borró la memoria anterior. El barrio quedó formalmente como Cundinamarca, pero Ramal Fosforito sigue funcionando como nombre de origen, una especie de acta emocional del barrio.
Ese doble nombre es una riqueza: Cundinamarca es el barrio institucional; Fosforito es la memoria íntima de sus comienzos.
Ranchos, caminos y callejones
La crónica histórica cuenta que la primera vivienda fue una enramada de bahareque y teja levantada por Marcos Durán hacia 1926. Luego llegaron otras casas de adobe, teja, paja y bahareque, hasta formar un conjunto de alrededor de cien ranchos.
Como no hizo parte del plano posterior al terremoto de 1875, el barrio se formalizó sin planeación regular. De allí vienen callejones, trazados difíciles y una estructura urbana que conserva marcas de crecimiento espontáneo.
Ese origen también explica por qué las obras de vías fueron tan importantes. Durante años, el transporte solo llegaba hasta El Mirador y muchas calles eran caminos de herradura. Las vías principales —calles 10 y 11, transversal 17 y avenida 21— llegaron por insistencia comunitaria y juntas cívicas.
El teatro de películas mexicanas
Uno de los recuerdos más llamativos de Cundinamarca es el teatro que funcionó en un lote de la calle 11. Según habitantes citados por La Opinión, allí se proyectaban películas mexicanas en blanco y negro y durante casi veinte años fue un punto de encuentro nocturno para el barrio.
Ese teatro cuenta una parte preciosa de la vida popular: antes de que la televisión y las pantallas personales cambiaran los hábitos, el cine de barrio era fiesta, conversación, romance, paseo familiar y ventana al mundo.
Con el tiempo, ese lugar cedió paso a la capilla Santísima Trinidad. El cambio no eliminó la centralidad del sitio: simplemente pasó de congregar por cine a congregar por fe.
Santísima Trinidad: de capilla a orgullo barrial
El archivo histórico de Cucutanuestra señala que la parroquia de la Santísima Trinidad fue fundada el 12 de marzo de 1954, siendo párroco José Rubén Rubio. La primera capilla se construyó con ayuda del padre Calderón y perteneció a la parroquia del Perpetuo Socorro.
La crónica de Cúcuta añade detalles importantes: en 1967 el sacerdote Ángel C. Atienza reorganizó planos del templo por razones de seguridad, y la comunidad apoyó la construcción con bazares, banquetes, recolectas y trabajo voluntario. Las campanas fueron traídas de Tibasosa, Boyacá.
Más adelante, con el padre Reynaldo Acevedo, el templo se convirtió en motivo de orgullo para los habitantes. En Cundinamarca, la parroquia no es solo edificio religioso: es centro histórico, símbolo de esfuerzo colectivo y punto de referencia urbano.
El colegio que nació de un comedor
Frente a la capilla funcionó primero un mercado tradicional, luego un comedor infantil y finalmente el Instituto Técnico Alejandro Gutiérrez Calderón. La Opinión y el archivo histórico coinciden en que la institución surgió por iniciativa de líderes sociales y religiosos ante el crecimiento del barrio.
El padre Reynaldo Acevedo y el líder comunal Marcos Espinosa aparecen como gestores de esa transformación educativa. Lo que empezó como respuesta alimentaria terminó convirtiéndose en institución escolar.
Ese recorrido dice mucho del barrio: una necesidad básica —comer— se convirtió en una oportunidad de futuro —estudiar—. Esa es una de las mejores formas de desarrollo comunitario.
Panaderías, tiendas y comercio de cercanía
La Opinión destacó en 2025 que Cundinamarca cuenta con una vida comercial fuerte para su tamaño: en un sector de 11 cuadras hay al menos 20 tiendas y más de cinco panaderías, según la comunidad.
Este dato permite entender la vida cotidiana del barrio. Cundinamarca no depende únicamente de grandes corredores comerciales; tiene economía de cuadra, compra diaria, pan de la mañana, tienda vecina y relaciones de confianza.
Las panaderías son parte de la identidad urbana de muchos barrios cucuteños. Funcionan como comercio, pero también como olor, rutina, conversación y punto de referencia.
Canal Bogotá y memoria del agua
La crónica histórica recuerda que el antiguo callejón hoy conocido como Canal Bogotá era un espacio por donde corría el agua de un nacimiento. Con el tiempo se secó, se convirtió en vertedero de aguas negras y generó problemas de zancudos, olores y epidemias.
Una inundación que arrasó varias viviendas mostró la necesidad de canalizar el arroyo. Esa obra se logró con trabajo y aportes de la comunidad, según la memoria barrial.
El Canal Bogotá resume un tema recurrente en Cúcuta: cuando el agua no se planifica, termina regresando como riesgo. Cundinamarca tiene una historia que conecta urbanización popular, salud pública, drenaje y organización vecinal.
Arte joven y tejido social
En 2021, La Opinión registró iniciativas de jóvenes líderes en Cundinamarca para recuperar el tejido social mediante arte y cultura. La nota hablaba de inseguridad y deterioro, pero también de apuestas juveniles para transformar y unir a la comunidad.
Ese punto es clave para leer el presente del barrio. Cundinamarca no debe quedarse congelado en su historia antigua. Su futuro depende de nuevas generaciones capaces de convertir memoria, cultura y participación en herramientas de convivencia.
El barrio tiene material para una agenda cultural propia: Ramal Fosforito, el cine mexicano, la Santísima Trinidad, el colegio, las panaderías, el parque Víctor M. Guerrero y el Canal Bogotá.
Cundinamarca dentro de la Comuna 9
La página de comunas de Cucutanuestra ubica a Cundinamarca dentro de la Comuna 9, junto con barrios como Belén, Carora, San Miguel, Los Alpes, Divina Pastora, Rudesindo Soto, Valles del Rodeo y Villa de la Paz.
Esa red territorial permite entender su carácter popular, histórico y comercial. Cundinamarca dialoga con barrios de ladera, memoria religiosa, oficios, comercio tradicional y procesos de consolidación urbana.
En la serie Barrios de Cúcuta, Cundinamarca ayuda a contar una parte esencial: la ciudad que se hizo con nombres populares, callejones, parroquias, mercados, colegios y comercio de cuadra.
Qué futuro merece Cundinamarca
Cundinamarca merece un futuro que ordene su comercio sin borrar su vida popular, que cuide la parroquia y el colegio, que recupere el relato del teatro y que fortalezca cultura juvenil como herramienta de convivencia.
La agenda debería incluir memoria oral de Ramal Fosforito, señalización histórica de Santísima Trinidad, recuperación del parque Víctor M. Guerrero, seguimiento al Canal Bogotá, apoyo a panaderías tradicionales, rutas culturales y seguridad comunitaria.
Este barrio puede convertirse en uno de los perfiles más entrañables de Cucutanuestra porque conserva muchas capas: apodo, fundador, cine, templo, colegio, pan, agua y comunidad.
Agenda para Cundinamarca
- Crear una ruta de memoria Ramal Fosforito - Santísima Trinidad - colegio - parque Víctor M. Guerrero.
- Documentar testimonios sobre el teatro de películas mexicanas y las primeras panaderías.
- Hacer seguimiento al Canal Bogotá como memoria hídrica y obra comunitaria.
- Fortalecer procesos juveniles de arte, cultura y convivencia.
- Conectar el barrio con una ruta histórica de la Comuna 9 junto a Carora, Belén y San Miguel.
Fuentes consultadas
Este perfil combina archivo histórico de Cucutanuestra, crónicas urbanas, prensa local reciente y referencias territoriales del portal.
- Cucutanuestra: archivo histórico de Cundinamarca
- La Opinión: Cundinamarca está por cumplir 80 años
- Crónicas de Cúcuta: Barrio Cundinamarca o Ramal Fosforito
- La Opinión: jóvenes líderes y tejido social en Cundinamarca
- La Opinión: afectaciones por lluvias en Cúcuta
- Cucutanuestra: iglesias de Cúcuta
- Cucutanuestra: comunas de Cúcuta