El Indio Motilón
El pueblo motilón —hoy conocido por su propio nombre, barí— visto por los cronistas de la vieja Cúcuta.
pendiente
Tomado del libro Conozcamos a Cúcuta, del Dr. Fernando Vega Pérez, presidente de la Academia de Historia del Norte de Santander.
Eran de estatura mediana. Su color era el mismo color característico de los Chibchas. Su espíritu, al igual que las tierras en que moraban, era bravío y hostil. Fue quizás de las tribus que mayor oposición hiciera al osado conquistador. Amaba profundamente su tierra y deseaba ser libre a toda costa.
Alejaba a sus enemigos hasta sitios muy distantes de sus dominios. Para ello hacía incursiones a sitios muy alejados de su origen habitual.
Se cuenta que desde estos parajes incursionaba hasta Santa Marta por el norte y llegaba hasta la Guajira; por el lado de Venezuela llegaba hasta Maracaibo y Mérida.
Don Luis Febres Cordero nos comenta: «Para defender con tan heroico ahínco el suelo que habitaban, se necesita un concepto algo elevado del amor al solar nativo, y la tribu de los Motilones mostrose ufana en exhibirlo en sus peleas y acontecimientos, acaso inspirado por la disciplina de sus ritos, o por la agradecida memoria con que miraban las proezas y hazañas de sus antiguos capitanes».
Vestían al igual que los Chitareros y, tal vez por influencia de los Chibchas, con mantas, las cuales tejían de algodón y pintaban con tintas naturales como el añil y la bija. Con este último también pintaban sus caras en tiempo de guerra.
Se alimentaban de la caza, la pesca y de los cultivos de yuca, maíz, batata, apio y frijoles. Sus frutas eran las curas, guayabas, piñas, caimitos, uvas silvestres y guamas; y conocían la miel de abejas, la cual no cultivaban sino que usaban silvestre.
Sus viviendas eran como las demás. Se construían con base en cuatro postes sembrados en forma cuadrangular y con techo de paja.
En cuanto a las artes, conocían la cerámica, construían canoas y piraguas, tejían telas y las teñían. También, aunque en no muy elevada escala, trabajaban el oro, al cual poca importancia daban.
Nos refiere don Luis Febres Cordero, hablando de su religión e ídolos: «Los Motilones tenían también algunas prácticas idolátricas, del mismo modo que los Chibchas. Tenían vaga noción acerca de un principio creador general, según puede inferirse de un ídolo hallado, representativo de la autoridad suprema; del vocablo Maruta con que en su lengua designaban a un Dios omnipotente».
Nota de contexto
Los cronistas de los siglos XIX y XX llamaban «motilones» a este pueblo, pero ese es un exónimo —un nombre puesto desde afuera—. Ellos se autodenominan barí, palabra que en su lengua significa «gente» o «seres humanos». Habitan la región del Catatumbo, en el norte de Norte de Santander (municipios de El Carmen, Convención, Teorama, Tibú y El Tarra), y hablan el barí ara, de la familia lingüística chibcha. No son un pueblo extinto: siguen vivos en sus resguardos.
La lectura antigua que enlaza a los motilones con chibchas, chitareros o caribes —e incluso las descripciones sobre deformación craneal «tipo caribe» que aparecen en las páginas siguientes— corresponde a las especulaciones etnográficas de la época y hoy se estudia de otra manera.
El relato sobre su religión e ídolos, que aquí queda apenas insinuado, se desarrolla por extenso en Religión e Ídolos de los Motilones, tomado directamente del libro de Febres Cordero.