Cúcuta de otros días · Charles Jackson · anexo · pág. 240

Lexicología

Si de símil sale disímil, ¿por qué de fácil no sale difácil? Una broma del autor sobre las incoherencias del castellano.

En esta época de "carreritas de San Juan" y de las cosas 'relámpago", podría iniciarse con buen éxito la reforma del lenguaje, modernizándolo y haciéndolo más práctico y lógico. Porque es preciso convenir, aquí en el "secreto de la familia", que este castellano que nos trajeron los conquistadores, junto con otras cosas más o menos detestables, está hecho una lástima de morfologismos absurdos.

¡Ahí lo tienen ustedes! «Morfología»: lo que trata sobre la forma. ¿Por qué no se dice «Formología»?

De «simil», semejante, se forma «disimil» o sea lo contrario, distinto, de semejante. ¿Por qué, entonces, no hacemos de «fácil», «difácil» y nos evitamos la «difaciltad» (sería lo correcto) de cambiar letras sin ton ni son?

De «amor» viene el adjetivo «amoroso»; de «calor», «caloroso» y de «pavor», «pavoroso». ¿Por qué, pues, derivar de terror esa tremenda palabra «terrorífico», cuando la indicada es «terroroso»? ¡Vaya a saberlo cualquiera!

De «prudente» hacemos «imprudente», de «clemente», «inclemente», etc.; ¿por qué no decir entonces «impresente» y no ese «ausente» tan desajustado, e «insapiente» en lugar de «insipiente», que trueca la a por i, perdiendo en volumen, sonoridad y lógica? ¡Miren ustedes ese «inepto» por «inapto» y ese «cobarde» en cambio de «invaliente» que se desgaja sólo de maduro o natural!!

En cuanto a acentuación no andan mejor las cosas.

Para muestra, un botón: lo que no se ha dicho es «inédito», esdrújulo; pero lo que no se ha oído es «inaudito», grave. Hay que arreglar eso. O se dice «inedito» o nos pronunciamos por «ináudito». No hay remedio.

Veamos lo que ocurre con la raíz que significa «pie». A lo que cuenta con dos pies —o «patas», que también vale— se le llama «bípedo»; y si tiene cuatro, «cuadrúpedo». Pero si apenas se queda con tres, ya no es «trípedo» sino «trípode». ¿La razón? En el misterio.

Por no extendernos demasiado callamos lo que se nos ocurre respecto al alfabeto. Estamos de acuerdo, sí, con aquel señor Carulla, nada menos que académico de la Lengua, quien propuso, en memorable sesión de aquel augusto cuerpo, la eliminación absoluta de las letras h, q, z, v, k, w, x y ll. Y si no extendió sus impulsos destructivos al resto de los signos alfabéticos, fue porque el entenderse a señas resultaba una miaja inconveniente ¡para las trasmisiones radiofónicas y telegráficas!

Preguntas frecuentes

¿De qué trata este anexo?

Es una broma del autor sobre las incoherencias del castellano: si de símil sale disímil, ¿por qué de fácil no sale difácil? Si hay amoroso y pavoroso, ¿por qué terrorífico y no terroroso? Si algo con dos pies es bípedo y con cuatro cuadrúpedo, ¿por qué con tres es trípode y no trípedo?

¿Las palabras raras del texto son erratas?

No. Difácil, difaciltad, terroroso, impresente, invaliente, insapiente, inedito, ináudito, trípedo y Formología son invenciones deliberadas del autor y forman el chiste entero de la página. En esta edición digital se conservan tal cual.

Sobre la transcripción. En esta edición digital se corrigieron 12 erratas evidentes («perdiendo en volumen, sonoridad y lógíca» → «perdiendo en volumen, sonoridad y lógica»; «¡Miren ustedes 241 ese "inepto" por "inapto"» → «¡Miren ustedes ese "inepto" por "inapto"»; «en memorable sesión de aquel augusto cuerp…» → «en memorable sesión de aquel augusto cuerp…», entre otras) y se restituyeron las rayas de diálogo y las comillas descuadradas. No se modernizó la ortografía de 1945 ni se tocó el habla popular cucuteña que el autor recoge a propósito.