Carnavales de Cúcuta
Los recordados carnavales de fin de año que animaron la ciudad entre 1922 y 1931: sus reinas, sus carrozas y el célebre «Rey Cuca».
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Tomado del libro Cita Histórica, de Luis A. Medina S.
Quienquiera que conociese y recordase la fisonomía alegre y festiva de la ciudad de Cúcuta, recordará con cierta nostalgia aquellos tiempos cuando la ciudad se vestía de gala con los bellos y tradicionales carnavales. De 1922 al año 29 se empezaron a organizar carnavales en los cuales tomaba parte activa la ciudad y la sociedad cucuteña. En los últimos tres días de cada año, el pueblo de Cúcuta tenía la costumbre de disfrazarse y bailar en público, en los diferentes parques y distintos clubes sociales. Se formaban magníficas comparsas, mereciendo algunas de ellas la adjudicación de premios que otorgaban las juntas organizadoras.
La inauguración y el desfile de carrozas por las calles de la ciudad era algo sensacional, de colorido y belleza, donde cada una quería sobresalir por el lujo; tiempos que hoy añoramos, que vivió Cúcuta y en los que se divirtió alegremente. La Junta otorgaba premios especiales para las mejores carrozas.
Desfilaban carrozas primorosas y típicas, lujosamente presentadas, y la concurrencia, desde temprano en la tarde, llenaba las plazas y calles para presenciar el desfile al compás de la música y el juego de serpentinas de colores, con infinidad de confetis lanzados al público al paso de las carrozas.
Merecen mención, en estas añoranzas de las costumbres cucuteñas y de los fantásticos carnavales realizados, ocho señoritas distinguidas de la sociedad que ciñeron la corona real y carnavalesca. Son ellas:
Inició el reinado del carnaval la señorita Ana Peñaranda Arenas, cuyo bello cortejo, en imponente carroza, recorrió las principales calles de la ciudad en medio de las más estruendosas aclamaciones.
En el año 1922, la iniciación de estas festividades de regocijo público constituyó todo un éxito para la junta organizadora. Después vinieron, en su orden, así:
1923 — Teresa Duplat.
1924 — Elisa Ramírez Yáñez.
1925 — Hortensia García Herreros.
1926 — Alix Villamizar Moller.
1927 — Carmen León.
1928 — Marina García Herreros.
1929 — Liduvina Durán Durán.
Con el reinado de Liduvina Durán Durán, en el año 1929, Cúcuta puso fin a las festividades carnavalescas. Su elección como reina fue discutida y originó controversias, porque —a juicio de algunos— no reunía los atributos de belleza y edad requeridos para ceñir la corona real; y fue llamada «Liduvina 40».
Y como las gentes y la ciudad ya estaban contagiadas con la animación y alegría de los carnavales y jolgorios cucuteños, se inspiraron en el clásico mamagallismo tan típico y propio de los cucuteños y organizaron un carnaval ya no con reina, sino con rey.
Carnavales organizados por el popular y queridísimo de los cucuteños Daniel Hernández Lascano, quien se presentó como «candidata» representando el caserío de Urimaco, con sus princesas, que lo acompañaban y eran los hermanos Galvis.
Daniel Hernández, vestido de reina, acompañado de cuatro princesas en lujosa carroza.
Hermes Atencio representó a Cúcuta vestido de rey. Esa tarde inolvidable, Hermes Atencio, en lujosa carroza, portando en la diestra su báculo o bastón de mando, desfiló por las calles con su cortejo real en medio de aplausos, risas y alegría, jugando carnaval y botando al público serpentinas y confites en el recorrido por las principales calles. Pasado el desfile carnavalesco, venían los grandes bailes en los clubes sociales y lugares públicos de la ciudad, y así los tres días de carnaval, a cumplirse según Decreto de su «Majestad» el «Rey Cuca», como llamaban a Hermes Atencio. En esa ocasión, el comité organizador del carnaval eligió al popular y típico personaje cucuteño Hermes Atencio, el negro «Cuca», rey de los carnavales.
Hermes Atencio fue un personaje de Cúcuta, dueño de una funeraria situada en la avenida séptima, calles 8 y 9, contigua a la imprenta del «Trabajo». Hermes dormía en la funeraria, y como cama un ataúd, a la espera de la llegada de alguno de sus clientes, que llegaban casi siempre de noche en busca de cajón.
¿Quién era Hermes Atencio, el negro «Cuca»? Un hombre de un metro cincuenta centímetros de estatura, de piel negra, bonachón, enamorado, chascarrillero, tomador de pelo, tomador de trago y fumador de tabaco empedernido.
De costumbres exóticas y vistosas, vestía de paño color negro y usaba chaleco, un saco largo que lo hacía más pequeño de estatura. Su dentadura, toda de oro, al reírse y al abrir la boca, parecía verter llamaradas de fuego.
Los dedos, todos, eran portadores de anillos con diferentes piedras, que parecía un muestrario de una joyería; de uno de los bolsillos del chaleco, atravesándole el pecho, pendía una gruesa cadena de oro con su reloj, las famosas llamadas «leontinas». Sobre este personaje, tan conocido de los cucuteños, pudiera escribirse largamente: sus chistes, sus originalidades. Además era caritativo: cuando alguno venía por un ataúd y no traía los $15 que valía el cajón, le decía: «Llévelo y algún día me paga; puede que no se te olvide, o vuelvas por otro, o vuelvan por el tuyo, y entonces sí te perdonamos la deuda».
Con el reinado de Hermes Atencio en el año 1931 —pues Hermes fue dos años consecutivos «rey» de los carnavales cucuteños— la ciudad puso fin a la bella tradición de los tres últimos días del año de carnavales y regocijos públicos.
Nota de contexto
Estos carnavales de fin de año fueron una tradición cucuteña de las décadas de 1920 y 1930: se celebraban en los tres últimos días del año, con reinas coronadas entre 1922 y 1929 y, después, con los «reyes» del carnaval —el más recordado, el popular Hermes Atencio, el «Rey Cuca»—. La costumbre se extinguió hacia 1931 y hoy pervive sobre todo en la memoria y las crónicas de la ciudad.
El relato refleja el humor cucuteño (el «mamagallismo») y rescata figuras típicas de la época. Es un testimonio de costumbres más que un registro de fechas exactas, por lo que los años de cada reinado deben tomarse como los consigna la fuente.
Acontecimientos en la historia de Cúcuta
- La Batalla de Cúcuta (1813)
- El caserío La Vega (1875)
- La Guerra de los Mil Días
- Enrique Raffo y el primer automóvil
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