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CÚCUTA PARA REÍRLA.(Escenas de su historia).

Por Gustavo Gómez Ardila. Ilustraciones: Martha Patricia Yanes Ramírez

CÚCUTA PARA REÍRLA.(Escenas de su historia).

Hay en todas las ciudades ciertos personajes que sobresalen por su agudez mental; por su vocación artística, por sus facultades adquisitivas, en alguna de las distintas actividades humanas, en fin y que representan o retratan, puede decirse, la cultura y las capacidades intelectuales de la sociedad.

Existen también otros seres desgraciados, víctimas sin duda de taras ancestrales, producto inequívoco de una degeneración monstruosa y repugnante, que son como las caricaturas de esa misma sociedad. Del Cúcuta de antaño recordamos varios, cuyos nombres o apodos trataremos de revivir, como que son también eslabones notorios de la recia cadena de recuerdos que se extiende desde el pasado, grato e inolvidable, hasta los días de ahora.

Es "La Barona", la más antigua de tan grotescas figuras de que podemos hacer memoria. Mujer de baja estatura, gruesa, de fofas carnes, despeinada y haraposa, era "la barona" (de su apellido Barón) una criatura despreciáble por su aspecto y, aún más, por lo atrevido y grosero de su lenguaje. Los muchachos de aquella época aprendimos nutrido vocabulario de insolencias de labios de tan procaz preceptora.

Con todo y su presencia de bruja arruinada le fue dado a "la barona" —oh, la inmanente protección divina!— probar las ricas mieles del amor. Aunque lo parezca, nada tiene de novela el episodio: aquel despojo, aquella piltrafa llegó a ser madre, y su hija una chicuela primorosa, rubia y de parleros ojos azules, le fue arrebatada por el autor del "delito", más por ocultar pronto la prueba .de su fenomenal desacato al buen gusto, que por cariño paternal, y enviada a orillas del Rhin, su patria de origen, donde diz que encontró un marido bastante despreocupado en cuanto a las influencias de la raza!

Apareció luego en escena "La Trabuco", vieja mendaz y desvergonzada que constituía la mejor diversión para la truhanesca chiquillería de entonces. Debió el apodo a su ruin y aterradora lengua, cuyas descargas .eran la más -tremenda perdigonada de términos obscenos y vulgares. Y fue tal su "elocuencia" viperina, que aún hoy sirve de punto de comparación la frase: más sucio que "la trabuco", cuando se trata de medir la densidad -de un insulto.

Susana, 'la tururura", sucedió a "la trabuco" aunque jamás la igualó en virulencia oral. Tuerta, patizamba, tartamuda y boba de bola a bola, nunca pudo corresponder, por su retardo mental, a las travesuras de los muchachos con la explosiva eficacia de su antecesora. Amaba tiernamente a su amante —un tal "Ñor Pedro"--- de quien hubo algunos descendientes y como la infidelidad no es patrimonio exclusivo de las bonitas, "la tururura" se rindió por debajo de cuerda a los reclamos de un galán apuesto y dió a la posteridad, como fruto de excepción, un garrido retoño en forma de encantadora doncella, la cual fue recogida, criada y educada por una distinguida familia de la localidad, hasta que del cielo le bajó la que viene de allá con la mortaja.

Antes de "La Tururura" —para respetar la hilación cronológica de este relato— subió al tablado popular "La lechuza". Era esta una viejecita menuda y renegrida,

también muy aventajada en cuanto a su verbofilia. Cuando se le perdía la cuenta de las pangudas totumas del "criollo licor" que ingería —y éste suceso le acaecía de cada semana siete días— encontraba un extraño placer masoquista en sentirse mortificada por los chicos de la calle y así al encontrarse con uno o con varios, en cuyas pupilas inquietas brincaba la picardía, se cuadraba la enmisicada abuela y les lanzaba el reto: "A ver", a que no me decís "lechuza"!

Y es claro, como ninguno de los mocosos se hacía del rogar, allá iban en turbulento tropel palabrotas y maldiciones, conjuros y diatribas que se nublaba el barrio de tanta injuria.

Esta infelíz murió repentinamente una noche, en el corredor de la casa contigua a la Iglesia de San José, cuando allí sólo había una sórdida taberna, donde el artículo más solicitado era el preferido por "la lechuza".

"La Mat'e coco" y "La Cucaracha" fueren dignas herederas de estas fugaces reinas de nuestra "Corte de los milagros". Su "actuación pública" no se distinguió sin embargo por los desmanes de su "oratoria" callejera, tal vez porque no hallaron acicate suficiente en los muchachos de su época, no muy lejana todavía, cuando la multiplicación de las escuelas y centros de cultura, principiaban ya a corregir las costumbres de la población menuda y a depilarnos del hosco y rudo pelo de la dehesa que parece haber quedado bien atrás por fortuna y gracia de Dios.

 

CONTENIDO:

Presentación
Biografía
Capítulo I: ANTES DE DOÑA JUANA
Capítulo II: Y AHORA SÍ: ¡DOÑA JUANA!
Capítulo III: INDEPENDENCIA GRITA EL MUNDO CUCUTEÑO
Capítulo IV: SAN EMIGDIO, SAN EMIGDIO...
Capítulo V: Y ECHARON A ANDAR...
Capítulo VI: GODOS VS. CACHIPORROS
Capítulo VII: RECORDAR ES VIVIR
Capítulo VIII: EN EL PARQUE NOS VEMOS
Capítulo IX: ESTATUA
Capítulo X: MI GENTE
Capítulo XI: ¿EL PODER PARA QUÉ?


 

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