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NOCHE BUENA, NOCHE BUENA!.


CÚCUTA DE OTROS DÍAS.
Por Carlos Luís Jácome «Charles Jackson». Imprenta Departamental Cúcuta 1945

NOCHE BUENA, NOCHE BUENA!.

Poníamos los cucuteños de entonces —hablamos de las cercanías pre y post 1900— toda la ingénita alegría de nuestros arios mozos, en la conmemoración del más grande y trascendental de los acontecimientos terrenales: el nacimiento del Redentor del mundo. Por eso la "Nochebuena" resultaba una verdadera noche buena, noche excepcional, de júbilo, de entusiasmo, de extraordinaria animación en la que todos derrochábamos bastante del propio peculio, o los dinerillos ahorrados durante los doce meses, con celo de vieja ama de llaves, o, si no se alcanzaba a más, toda la euforia acumulada en el espíritu por falta de uso y reservada expresamente para aquella magna ocasión.

Las abuelas, las "jefas" del hogar, las mujeres todas, en fin, desde la matrona respetabilísima hasta la morenucha sirvientica, se alistaban, con lo más nuevo de su ajuar, para la solemne y pomposa misa de medianoche, durante la cual quedaban ocupadas hasta las rondas y el atrio de la Capillita de San Antonio y remolcaban, las unas a sus esposos, hijos y parientes, y las otras, a los pacientes "sesabitos" de turno. (Este nombre de "sesabito" era derivado de la frase "ajá, se sabe"....... con que entre ellas se daban a entender que los amor-

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sejos más o menos ocultos, se habían hecho del dominio mujeril).

La noche del 24 estaba rotulada —y creemos que aún lo está — a los "peseros" y ganaderos de la localidad, quienes nunca permitieron que ningún gremio les superara en la esplendidez de su capitánazgo. Apenas terminaba la procesión, que venía a ser un incendio ambulante por las mil y tantas _velas de esperma o de cera que portaban los acompañantes y la colosal cantidad de cohetones, truenos, recámaras, triquitraques, globos, etc. del deslumbrante festejo principiaba en la cale de Curazao, antigua "pesa", la soberbia corrida con el "toro de candela". Hoy también se celebra; pero, en primer lugar, ya no es "toro" sino "vaca loca", sin que nos hayamos podido explicar tan arbitrario cambio de sexo y luego lo corren a "palo seco" y con escaso público.

Entonces no se toreaba un solo "toro" sino dos o tres. El flamígero animal se componía de una caja triangular, de vara y media de longitud, aproximadamente, hecha de livianos listones y forrada en legítimo cuero de res, con largo "rabo" erizado de tunas" y alambre de púas para castigar a los "coleadores" y al frente la calavera de un congénere, en cuyos cuernos se amarraba inedia arroba de trapos viejos empapados de aceite y kerosén, porque de la gasolina apenas si conocíamos el nombre. En la acera se aglomeraba la nutrida concurrencia, porque 'aquí es barrera", gritaban todos, y al empedrado sólo bajaban los animosos para quienes una chamuscada más o un "totazo", menos, no era cosa de apuro. Pero a veces sucedía que el bípedo-cuadrúpedo se equivocaba de pista y se subía al andén y entonces eran los chillidos de las mujeres y muchachos, las carreras y carcajadas de los varones y el olor a trenzas de pelo y trapos quemados, las zapatillas perdidas, los sombreros y bastones por el suelo, el caos, el "día del juicio" en suma, mientras el candeloso bicho recorría el enlosado.

Como en aquel tiempo no existía el cine, ni corrían

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los autos, ni "graznaban" los radios, ni había otras las actuales distracciones, al "toro de candela" iba la Banda de músicos, los señores de pro, los hombres de "manga" y "camisa" y cuanta majar y muchacho pudieran caminar. Por la cuadra de la "Pesa" y adyacentes resultaba máxima pretensión circular. Los ojos saltados, las piernas y brazos fracturados y las ropas incendiadas formaban parte interesante de la inocente fiesta taurina.

En algunas partes antes y en otras después de la suntuosa misa de las 12 m. n., se cenaba copiosa y deliciosamente. ¡Y qué cenas, Virgen de las Angustias! El espumoso y fragante chocolate, con su constelación de burbujas, donde se reflejaba en cambiantes coloras la luz de la mesa, o el pocillo de café negro, claro, si se prefería; larga y sabrosa tajada de queso, amarillo o de amano", medio mojicón concienzudamente aliñado, el par de ricos y amorosos bollos, dados de masa, ni tan pequeños como los de marfil, ni más grandes que un puño, rellenos de un guiso suculento que chorreaba ambarina manteca y donde los trocitos de "carne de marrano", los gruesos garbanzos, las pasas y demás condimentos competían en sabor y olor, toreando el apetito y amenazando la digestión; y luego el platico de la clásica e imprescindible conserva, de higo y da lechoza, mucho más rica y más del momento cuando se hacía de panela, componían el criollismo menú.

Aquellas reuniones familiares, al calor de la más pura y más franca cordialidad, resarcían con ventajas de todos los afanes y miserias de todo un año de faenas; enlucían el espíritu, como expresiones que eran de afecto hondo y sano, noble y delicado y fomentaban la unión y la paz domésticas, al amparo de tan íntimas y cordiales manifestaciones!

Contados eran —quizá tan sólo los que cambiaban la copa final de agua filtrada, por unas cuantas de vino tinto o de cerveza "Short" y los eternos parranderos de todas las épocas— quienes faltaban a la "misa del gallo",

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a plena media noche; y aun no eran escasos los que, además, se oían la de "la aurora", a las 4 de la madrugada, y hasta había quienes se echaran al coleto, como ñapa, la de Pascua, por ahí entre 5 y 6 de la mañana. Lo cierto es que muchos entraban al 25 con misas de sobra, lo que no era óbice para que, entre las 11 y la una del nuevo día iniciaran la "mísica" de ordenanza, la grande y esplendorosa "rasca" de la Pascua dicembrina.

Aunque, después, el ratón se presentara con caracteres de jirafa cruzada con elefante!

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