Logo de Cucutanuestra
CONTACTO:

Correo:
cucutanuestra@gmail.com
Celular: (57) 312 580 3874
Cucutanuestra.com
El Portal Web con todo sobre nuestra querida ciudad de Cúcuta.

LA TRAGEDIA DEL 75, LA PROMESA ESCABABROSA.


CÚCUTA DE OTROS DÍAS.
Por Carlos Luís Jácome «Charles Jackson». Imprenta Departamental Cúcuta 1945

LA TRAGEDIA DEL 75, LA PROMESA ESCABABROSA.

Cúcuta con su notable incremento comercial, la delicia de su clima, sano y fresco, el encanto de sus costumbres y su fama tradicional de pueblo alegre y hospitalario, había atraído numerosos pobladores de distintos lugares y, especialmente de Maracaibo, centro importante al cual hemos estado siempre vinculados quizá por afinidad de caracteres, de usos y de sentimientos, tal vez por razones geográficas o por comunidad de origen.

Entre las familias zulianas que residían aquí, allá por los días de la gran hecatombe, era una de las principales por su cultura, su simpatía y seguramente por la abundancia de sus recursos financieros, la de don Pablo Antonio Pérez, acaudalado comerciante, quien del matrimonio con doña Esther Espina, habían criado y educado gallarda prole, de la que apenas le quedaban consigo tres primorosas muchachas, Mercedes, Carmen y Lucía, pues las demás habían levantado ya el vuelo para irse a formar nuevos y gentilísimos hogares.

Habitaba don Pablo Antonio con los suyos una hermosa y rica mansión de su propiedad, situada justamente en el sitio que ocupa hoy la Quinta Teresa, Colegio

41

de los RR. HH. Cristianos o del Sagrado Corazón de Jesús. Escalinatas de mármol, elegante jardín, en el cual las manos hábiles de un jardinero caro habían trazado en pequeño las pintorescas avenidas y floridos rincones del parisiense bosque de Boloña, y el lujo y distinción de las salas, alcobas y terrazas, informaban plenamente al transeúnte o visitante del gusto y la fortuna de los moradores y felices dueños de tan espléndida residencia. Y que los esposos Pérez, Espina llevaban efectuados ya varios viajes al exterior, en los cuales habían pulido su cultura y de los que en todo caso París fue eje, principio, fin y mira de las costosas correrías.

Precisamente preparaban en mayo del 75 su tercera o cuarta salida hacia el viejo mundo, y ya el nutrido y vistoso equipaje se encontraba en el Puerto de los Cachos, después de tres tremendas jornadas, primer día a la posada imprescindible de Chinca Granados, segundo a las cercanías del puerto, y por último, bien temprano a las orillas del pujante y caudaloso Zulia, por un camino que se echaba apuesta con el mismo averno, en cuanto a calor asfixiante y a esperanzas perdidas de terminar con él. 1 os Pérez Espina contaban, pues, tan solo con lo encapillado.

De que Mercedes, Carmen y Lucía eran reproducción muy acertada de las tres Gracias, daban fe y con harto entusiasmo, los muchos abejorros que zumbaban de continuo al rededor de las tres flores, inspirados unos por el amor impetuoso, arrollador y desenfrenado, halagados los otros por el respaldo económico que hacía más viva y emocionante la seductora belleza de las terrestres sirenas.

Morenas, de aperlada piel, de curvas abusivas por lo firmes y robustas, con aquellas "matas" de pelo que ponían en peligro la ecuanimidad de los espíritus, ojos que eran para los nervios masculinos lo que el arco para el violín, e insinuantes y "treques" hasta más allá de la z, las muchachas de don Pablo eran el comentario forzoso, latente y favorable en cuanto se reunían dos o más va-

42

rones en cualquier lugar de la villa, eso sí, donde no los oyeran las amigas.

El 18 de mayo, a la hora de la catástrofe, se hallaban las tres muchachas en el bario, jugueteando en la circular alberca y refrescándose antes de sentarse a la mesa. Usaban, como todas las mujeres de la época, aquellos típicos " chingones" que por desgracia para el pudor y el decoro, han desaparecido ya de los hogares.

Al primer horrísono zumbido saltaron al jardín y principiaban a tambalear los muros cuando ya estaban en la calle. El cuadro era aterrador. Caían con estrépito las paredes y los techos. Gentes extrañamente catiras por el polvo rubio que se les adhería a los cabellos, a las cejas, a las barbas, a los bigotes, corrían enloquecidas, dando tumbos sobre los escombros. Clamores de auxilio, de dolor, roncos por los estertores de la asfixia, salían de entre las ruinas. Voces de angustia y de terror se confundían con el fragor de los derrumbamientos, cuyos ecos se prolongaban en un sordo e interminable trueno. Desaparecía la ciudad en diez segundos.

Presa de pavor las tres doncellas, con los "chingones" pegados al cuerpo por el peso del agua y del polvo, recordaron los milagros de su Santa Patrona, la Virgen de Chiquinquirá, y encomendándose a ella, hicieron este voto: "Madrecita nuestra, salvadnos de este cataclismo y os ofrecemos ir a Maracaibo, desde nuestra casa en la calle Ancha hasta vuestra iglesia, tal como estamos ahora".

Y las tres muchachas con sus padres, se libraron de la muerte.

Meses después en la capital zuliana, pasaba casualmente el padre Añez frente a la habitación de don Pablo Antonio Pérez, cuando vio que salían a la calle nuestras tres promeseras, cubiertas someramente con los chingones de marras y empapadas de agua salobre desde la corona hasta los pies. Ante el sorprendente espectáculo el buen cura se quedó estupefacto, enormes los ojos, abierta la boca, creyendo sufrir una alucinación

43

fantástica o que en él se repetían las tentaciones peligrosas de San Antonio:

—"Qué es eso, niñas de Dios, exclamó al fin; y a dónde vais! Estais locas"?

Contáronle las Pérez su compromiso espiritual y como insistieran en cumplirlo, arguyó el levita:

Vamos adentro, hijas mías. Lo que habeis hecho no es promesa; es una locura y éstas no las acepta nuestra Santísima Virgen. Yo os relevo de la obligación, siempre que useis durante un trimestre el hábito de Lourdes como compensación.

Así fue como se libró la "Chinita" de ser visitada tan al fresco por tres de sus más graciosas fieles, las que según cuentan las verídicas crónicas de entonces, eran guapas, espirituales y ricas, las mejores, las imponderables e irresistibles potencias del eterno femenino.

cucutanuestra.com

cucutanuestra@gmail.com