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LA MUERTE DEL TORERO.


CÚCUTA DE OTROS DÍAS.
Por Carlos Luís Jácome «Charles Jackson». Imprenta Departamental Cúcuta 1945

LA MUERTE DEL TORERO.

—Mataron al "Mellado"......Mataron al "Mellado' en "La Garita".

La noticia se extendió como el viento por la ciudad entera, cuyos habitantes principiaban a circular por las calles en las primeras horas de una mañana alegre y clara del afín de 1893.

Corrían hombres, muchachos y mujeres hacia el lugar del suceso, con la ansiedad reflejada en los semblantes, pintado el asombro en los gestos y ademanes y con lágrimas en algunos ojos femeninos, pues el valiente y elegante torero gozaba de la profunda y fogosa admiración de muchas cucuteñas, tanto por el prestigio de su traje de luces como por el coraje y sangre fría con que ejecutaba sus faenas taurómacas en el circo de la calle de Nariño, hoy calle 10a.

Por aquella época venían con frecuencia a Cúcuta famosas cuadrillas de toreros españoles; diestros de gran cartel y holgada posición económica. En 1891 llegaron los "Silverios" —Silverio grande y Silverio chico— mozos bien plantados y distinguidos, para quienes cambiar el calzón corto y la chaquetilla par lo severa y aristocrática "casaca" o frac, no era cosa extraña ni difícil y que con igual distinción y maestría lidiaban un furioso

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astado en el redondel, que atendían y cortejaban la más exigente dama en el mejor y más señorial salón. Tras de éstos y con sus cuadrillas completas, visita en la tierruca "Mellado" y "Tornero"; luego "Pastrana" y "Chicorro", con todos los cuales actuó, como figura sobresaliente, un modesto muchacho de "San Luis" —"el pueblo" en aquel tiempo— apodado "Mortincho".

El circo se hallaba situado en un extenso solar de la referida calle 10 con la avenida 2a. Era un amplio cuadrilátero cercado con sólida verja de madera y "cabilla" con seguras y cómodas graderías en los costados norte y sur y una regular hilera de palcos en el flanco occidental. Hacia el este sólo había la pared que daba a la carrera del Perú avenida 2a ahora, y como sólo se había construido barrera por los otros tres puntos cardinales, algún ignorado artista pintó sobre el muro el tramo de verja correspondiente, con tal perfección que resultaba fácil equivocarse, como se equivocó una tarde mi violento novillo, el cual, al pretender saltar hacia la libertad, cayó malo desnucado por el formidable topetazo que se dió contra la tapia.

Frente al circo, poco más o menos donde funciona hoy la bomba de gasolina "Cúcuta" y en un gran patio, al cual se entraba por ancha y recio portón, se encontraba la casa de "La Garita" por aquellos días en poder de don Juan Antonio Carvajal, hombre pudiente y generoso, quien, a más del lucrativo negocio dé ganado, pastajes y ordeño, había montado allí una especie de hotel en pequeño, donde se hospedaban "Mellado", "Tornero", sus banderilleros y mozos de servicio.

Como empleado, administrador y contabilista, trabajaba con el señor Carvajal, don Cecilio Baptista, caballero venezolano, cincuentón, puntilloso y retraído, aunque de carácter muy frágil cuando se veía cerca a una mujer.

"Mellado", o "el mellado" como le llamaban comunmente, estaba lejos de ser un buen mozo. De mediana estatura Y bastante fornido, sus fa pies eran toscas y

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el labio inferior muy pronunciado, al estilo borbónico, le afeaba bastante la fisonomía. Sin embargo el hechizo de su rudo acento hispano y la donosura y el arrojo con que manejaba y despachaba las más fieras reses de lidia, le granjeaban copiosamente el amor y los suspiros de las Evas populares. Así se impuso con facilidad a la preferencia de Agustina, la "negrita' 'DE ADENTRO en el hotel, muchacha despreocupada y harto "afectuosa", aun, que no muy agraciada, cuyo corazoncito se volvió de alfeñique a los primeros tanteos del impetuoso diestro, muy diestro, por otra parte, en los enredos de Cupido.

Ignorante don Cecilio de la oculta y candelosa ENTENTÉ, y seducido por los encantos, digamos relativos de la joven criada, pensó en abrir trabajos de exploración por las regiones sentimentales de Agustina; pero oír ésta las tímidas propuestas del maduro galán y correr a quejarse ante don Juan Antonio con humos de mujer honesta, ofendida en su honra y su viriud (!) fueron cosas simultáneas. Don Juan no esperó ocasión propicia para trasmitir el reclamo a su empleado y sin reparar en que Baptista conversaba con "Mellado", lo abordó enérgicamente:

—Oiga, don Cecilio; Agustina me ha puesto la queja de que Ud. le ha faltado al respeto. Ud. está viejo para hacer tonterías. Déjese de esas cosas porque yo no tolero esa clase de líos en mi casa!

Y "Mellado", para quien naturalmente, aquella amonestación a su presunto rival sonaba a música divina, remachó el clavo, en tono zumbón y harto molesto:

—Eso é verdá, amigo Cecilio. El amor no e manjá para loj viejoj que empiezan a perdé loj dientej. Pónga se meló, a rezó y procure bañarse con agua fría, eh?

Baptista tragó la purga como pudo, mas sabe Dios qué proceso convincente se desarrolló aquella noche en su acalenturado cerebro, porque a la mañana siguiente, cuando "Mellado" apenas dejaba el lecho y salía al corredor en busca de un vaso de agua, se le echó encima como un tigre y mientras lívido de ira le silbaba:

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—"Sepa Ud. señor torero, que a los hombres no se les ridiculiza", le descargó a boca de jarro dos tiros, que le partieron p ,r mitad el corazón.

—¡Madre! alcanzó a balbucir el desgraciado español, tambaleando trágicamente, para raer muerto. Cuando Baptista, se convenció de que su venganza estaba plenamente cumplida, volvió el revólver hacia su propia sien y de un tercer balazo se levantó la tapa de los sesos.

Agustina estuvo a punto de enloquecer, presa de pavor y de remordimientos .... Todavía, hace pocos años, vieja, coja, medio calva y haraposa, andaba por esas calles exhibiendo la más triste y repugnante degeneración. No la hemos vuelto a ver.

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