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DE EL ROSARIO A LOS EJIDOS.


CÚCUTA DE OTROS DÍAS.
Por Carlos Luís Jácome «Charles Jackson». Imprenta Departamental Cúcuta 1945

DE EL ROSARIO A LOS EJIDOS.

De los varios pueblos de que estaba pintorescamente salpicado el fecundo valle del Táchira, uno de los más prósperos y alegres era sin duda El Rosario, allá por el año del Terremoto.

Tendido sobre amplia y frondosa planada, en la margen izquierda del río fronterizo y casi bajo el follaje de los espléndidos cacaotales que cubrían la enorme extension de tierras, comprendida desde la propia frontera con San Antonio hasta "El Escobal" y aún más abajo, vivía plácidamente El Rosario su amable vida de población cristiana, entre el aire zandunguero de los bambucos, rasgados con maestría en los inconfundibles tiples santandereanos y el murmullo de las frecuentes oraciones a la milagrosa virgen, su patrona.

Un rato en la mañana y otro entre las tres y las cuatro de la tarde, se encendía un poco de animación y se notaba algún movimiento en la calle principal del pacífico y soñoliento burgo; era que pasaba hacia Venezuela y regresaba a Cúcuta el diario "Convoy" de mercancías y frutos criollos que nuestra aduana despachaba a lomo de grandes recuas de mulas y caballos, cuyo número no era cosa extraordinaria que excediera de ciento. Los arrieros, los conductores y los soldados de la escolta dejaban allí unos cuantos "currutines", "hueveros" y "cobres", a cambio de

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agua de panela simple o fermentada, y se consideraba éste como halagador impulso a la economía popular, aun cuando no fuera tan substancioso el ingreso, como a primera ojeada pareciera. Basta saber, en efecto, que un "currutín" representaba la tercera parte de un "cobre"; el "huevero", la mitad, y que el pomposso "cobre" a duras penas si llegaba a ser la humilde octava fracción de un triste real!

Gobernaba la tranquila rosariera Grey, como alcalde, D. Alejandro Belén y dizque hacía gala de mucha inteligencia y raras energías, no tanto la una, sinembargo, ni las otras tanto como las que desplegaba Dn. Felipe Durán en el desasnamiento de los paisanitos de Santander, pues era aquel notable pedagogo —fundador aquí de cultísimo hogar, cuyos descendientes son hoy nuestros amigos— el Director de la escuela de varones.

!18 de mayo de 1875 señalaba el almanaque! Sentado en cómodo taurete, en el zaguán del plantel, mientras sonaba la feliz hora del almuerzo, se peinaba el respetable institutor, con sus largos dedos, la barba patriarcal.... Solemne quietud y extraño silencio prestaban al momento reminiscencias de camposanto. Ausentes las aves, mudos los insectos, la atmósfera sin ondas, el fondo borroso del espacio causaba en los espíritus cierto malestar irrrazonable .....

De repente dió la tierra brusco y aterrador brinco y todo se vino a bajo en seis segundos,... ! Un torbellino de polvo subió a las nubes y en él envueltos, gritos e imprecaciones, gemidos, clamores y lamentos. Reinaron la desesperación y la locura!! Sólo don Felipe Durán, de pie en medio de la calle, fijos los ojos en el cielo, rezaba serenamente el magníficat!

Entre los incidentes curiosos de aquel trágico día en El Rosario, se encuentra el caso de Pedro Varela (a)"majuma" a quien sorprendió el terremoto en pleno goce de una soberbia "pítima" de las que se amarraba un día sí y otro también, y fué encontrado "dos días después" bajo una verdadera pirámide de vigas, trozos de pared, te-

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jas, etc., completamente "ileso". Decididamente, Dios protege a sus .... criaturas!

La miseria y el hambre que cayeron sobre el espantado vecindario fueron remediadas en gran parte por la nobilísima intervención de Dn. Eliseo Suárez.

Este magnánimo caballero dio puerta franca en su vasta hacienda a los numerosos necesitados, sin distinción alguna, y así acudieron al bíblico llamamiento amigos y enemigos, que llegaban con las manos vacías y tornaban a sus refugios bien provistos de panela, sal, plátanos, yuca, maíz, ahuyamas, etc., todo en abundancia y a título de obsequio.

El más oportuno y generoso regalo de que se tenga noticia hasta hoy en la región! Sólo al cabo de una semana fue rescatada de entre los escombros del templo la imagen "aparecida" de la Santísima Virgen. El júbilo de los rosarieros, no obstante la honda pena sufrida, fue incontenible y ruidoso.

Se organizaron solemnes actos de acción de gracias, más que solemnes imponentes por la postiza serenidad con que aquellas buenas almas trataban de ocultar su dolor en homenaje a la madre común, y se dispuso trasladar el venerado lienzo a "Los Ejidos" o sea a la meseta situada al sur del derruido poblado, donde se levanta ahora El Rosario nuevo.

Ofició en las sencillas ceremonias del tras-lado el Padre Martínez, Cura de San Antonio, porque el párroco del lugar, el Pbro. Jesús Ma. Maldonado andaba por el interior del país desde antes de la tragedia, y todo se redujo, por lo anormal de las circunstancias a la Salve de rigor y a la procesión, durante la cual los vecinos menos " desafinados", haciendo de tripas corazón, entonaron variados cánticos, a palo seco eso sí, porque hasta los tiples y guitarras de los trasnochadores y serenateros habían vuelto a la tierra de donde nacieron.

En " Los Ejidos" existían ya unas cuantas casas de paja y tal cual de teja, entre éstas la de la familia Moreno, que fue la escogida para residencia temporal de la Reina del cielo, hasta que la profunda piedad de los fieles la instaló en un rancho-capilla, construído a toda pri-

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sa unos metros arriba de! sitio que ocupa hoy la iglesia del pueblo.

Fue, pues, la Santa Patrona la primera rosariera que se mudó a " Los Ejidos". Tras de ella siguieron los feligreses de mayores recursos y al poco tiempo el gobierno ordenó la construcción de locales para escuelas, la cárcel y el matadero, junto con lo cual el indomable espíritu público de las gentes de El Rosario y sus lozanas y florecientes energías emprendieron la demarcación de playas, el trazado de calles y nutridas edificaciones particulares, convirtiendo en plazo mínimo los áridos y re-secos peladeros de "Los Ejidos" en la simpática y progresista población actual.

Entre los antiguos "Rosarieros", valga decir, entre los que con afecto de gatos optaron por la reconstrucción de sus propiedades abajo, y los que prefirieron la altura para sus nuevas moradas, hubo siempre —hay aún cierta inocultable emulación. Alegan estos ser los dueños y señores de un pueblo moderno, fresco y bien poblado, más la posesión del famoso cuadro de la Virgen. Pro-claman aquellos su fidelidad al viejo lar.

Y, en verdad, como que es suya la razón. Al fin y al cabo fueron y son ellos los genuinos rosarieros, mien-tras que los del sur no dejaron de ser los "ejideños",con Virgen y sin ella. Todos, en suma de la misma heroica raza que hizo de la Histórica Villa digna mantenedora del patriótico legado del Gran Santander.

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