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PERSONAJES TÍPICOS PLAZA DE MERCADO DE CÚCUTA, FINALES 1800 COMIENZOS 1900. 
Tomado del libro CITA HISTÓRICA del Sr. Luís A. Medina S.

PERSONAJES CASA DE MERCADO.

Como la crónica es la historia, hablaremos de los personajes de esa Casa de Mercado Cubierto que aún está presente en la memoria de los cucuteños y de todos de los que la conocimos. De los personajes que expendían algunos artículos, personas cuya longevidad alcanzó el penáculo de un cincuentenario dedicados al oficio, cuántas veces haciendo el chiste agudo y la sátira intencionada como picada de abeja real ponzoñosa, venenosa y caliente, pero en fin todo el ambiente popular y la bulliciosa y clásica escena de los personajes que hacían el ambiente festivo y alegre en el propicio sitio del singular suceso.

Ana Francisca Figueroa, la popular “PACHITA” como cariñosamente se le llamaba. Qué chicha de arroz, qué pasteles tan bien preparados y condimentados que al tomarse un vaso de chicha y comerse un papel, tenía forzosamente que repetir.

Allí en su puesto de expendio a las nueva de la mañana, era un hervidero de gentes de todos los estamentos sociales se daban cita a tomarse su chichita y comerse sus pasteli-tos. Y qué precio de esas medias nueves o mañanas; un vaso de chicha y un pastel por 0.05 centavos.

Eusebio, a quien le decían el “bobo” traía y traía en un yugo cargado al hombro olladas y olladas de chicha y canastados de pasteles de allá en la avenida 5a. con calles 14 y 15 donde vivía. Había que entrar a su casa donde también se daban cita las empleadas de la Gobernación a tomarse las medias nueves, mujeres amasando la harina, extendiéndola en mesones, otras echándoles el guiso, cortando y echando a un enorme perol lleno de manteca vegetal a fritar.

LA MANSULI. La catira “Mansulí” como así se le llamaba, su especialidad de la simpática señora, era el dulce de plático. No menos de diez clases de dulces preparaba diariamente y lo exhibía servido en una mesa forrada en lata para que el público eligiera el que más le gustara, al precio de 0.02 centavos el platico, valor que iba depositando en un pote de lata. Después de gustar uno o dos pláticos de dulcería garganta recibía la caricia de un vaso de agua sin hielo salida del tubo y naturalmente sin filtrar.

“LA MORROCOTA”. Era una negra pimentosa y alegre, llamada así popularmente, siempre lo pasaba cantando, su especialidad: la venta de PANELA, cinco panelas por un real y de ñapa con “borusas” que quedaban del aborote o empaque de la panela. Se vanagloriaba de ser ella la que más panela vendía. Decía cantando la “morrocota”: “quien quiera comer panela grande y sabrosa, cómprela a la “morrocota” qué cosa tan sabrosa”. En realidad de verdad era la que más panela vendía.

Le decían la “morrocota” porque usaba una gruesa cadena de oro macizo y pendiente, una “morrocota” americana que lucía en el cuello acompañada de zarcillos con dolaritos americanos.

De vez en cuando, fastidiada de la diaria rutina del trabajo y seguramente saturada por el trajín, se iba a las tiendas a tomarse sus cervecitas cuando terminaba su faena del trabajo.

“LA ARROZ-SECO”. Seguramente no habrá en Cúcuta quien halla olvidado a una simpática Consuelo apodada “La Arroz-seco” y su especialidad, vender granos mojados como se le llamaba así, y en totumas con agua, maíz, arvejas, garbanzo, fríjoles, habas, y aparte en otra totuma masa de maíz que la hacia en bolitas para echarle a la sopa que los cucuteños llamamos “pira”, el grano mojado y las bolitas de masa las vendía de dos centavos en adelante, envuelta en cucuruchos de hojas de biado el paquetico.

CARMELITA. La aguapanelera; podríamos preguntar:
quien de los cucuteños de aquella época no tomó el agua-panela preparada por esta señora?, qué sabor, qué delicia y a dos centavos el vasado, en esos vasos grandes llamados “guaraperos”. Quién no recuerda del coto aristocrátjco de Carmelita colgado en la parte superior del cuello a manera de dos siamesas chirimoyas adornado con una cadena de oro y varias libras esterlinas pendiendo?.

RAMÓN PEREZ. “El buchón” Ramón que vendía el mejor pan, el Pan “Contreras”, Ramón y sus cuentos verdes, chistes y retahilas tan groseras que de todas maneras gustaran o no gustaran, la gente por mas sería que fuera se reía, las muchachas eran felices oyéndole la lengua a Ramón, les decía a las muchachas: “Mijita, si no me lo compra, rto me lo toque tanto. . . porque me lo magulla, y ya estoy muy viejito para que me lo sobe tanto, tenga la seguridad que yo no se lo meto del tieso”. Las gentes se reían y le celebraban la gracia al “buchón” Ramón Pérez.

CLAUDIA. La frutera, otro personaje de la inolvidable Casa de Mercado, de aquellos personajes típicos y jocosos, grosera como ella sola, en fin, de todo hay en la viña del Señor. En sus tertulias con los hombres, les decía: que ella conocía la virgnidad de la mujer cuando le iban a comprar guineos, ese guineo grande llamado “quinientos”. Si la muchacha lo tomaba por la punta, decía que era virgen. Si lo tomaba por la mitad y lo conteiñplaba, no era virgen, que ella no fallaba en su apreciación y qué apostaba con cualquiera.

EL LLAVERO COLMENARES. En el puesto de cerrajería se conseguía lo imaginable en llaves y candados usados, ahí arreglaba chapas, hacía llaves, y compraba todo lo que vendieran en esa materia. Trabajaba a domicilio cuando exigían sus servicios, para abrir un baúl o un escaparate que era imposible llevarle al puesto de trabajo al mercado.

Se echaba al hombro un mazo de llaves como de una arroba de peso, fue tanto lo que trajinó con ese peso al hombro, que el hombro derecho, que se jibó para ese lado donde cargaba.

EL VIEJO MANUEL. Otro personaje que vendía oraciones, talismanes y esencias y el llamado ojo de buey. En Cú-cuta toda la vida ha sido superticiosa y con creencias contra la religión y las buenas costumbres, y dentro de esas creencias fácil de explotar y de engañar.

El, vendía la oración de la ánima sola, del Angel de la Guarda, la de correr al enemigo y un mal vecino. Asimismo, vendía el talismán de la buena suerte, las contras para el mal de ojo, el aserrín de hierro imanado para atraer el dinero, el ojo de buey para que nunca le faltara plata en el bolsillo, la uña de la gran bestia, el nido de macua, el orín de la mona, las esencias: sígueme joven, te quiero más, nunca te olvidaré, las del levante, el coral encantado y se-cretiado para evitarles el mal de ojo a los niños, y así por el estilo muchos artículos superticiosos que tenían grande demanda donde Manuel que conocía muy bien la sicología de las gentes.

EL NEGRO AMBROSIO RIVERA. Vendedor de papa les echaba barro y agua para dizque mantenerlas frescas, (bonito cuento) la turca Emilia su dienta, llegaba y le decía con ese lenguaje enredado de los turcos “haber majito Ambrosio como tiene las papas sucias y embarradas hoy, le cumpra uno tres libreas, y le sale media libra de barro} no sea tan ludran Ambrosio”.

Sería difícil e interminable describir todos los personajes de la Casa de Mercado y exhaltar su vida, su actividad comercial, sus costumbres, sus cuentos, sus anécdotas y chas-carrilos.

Solo así llanamente nombrados otros como El Chuchero, el cabezón Corzo, El sordo Martínez en su “Tesoro Escondido” vendiendo alpargatas a 0.25 el par, Adan Wilches con sus clásicos zapatos de goma blancos y vistiendo de blanco, Vicente Alvarez con sus raspados sabroso de hielo, La Hormiguita de Oro vendiendo cuentos de Callejas, Carlos Silva mascando chicote y vendiendo aceite de tártago, El Negro Chirinos y su sabroso calentado, “La Gata” vendiendo maíz tostado.

Todos estos personajes hacen la crónica distraída y amena de un pasado que no volverá.

A estos personajes, agregamos otros que visitaban el mercado con especialidad los días sábados día del gran mercado,- “Fosforita ” el “Poeta” alegre y chascharatero, era un “gallo” para los piropos poéticos, improvisador de versos dirigidos a las muchachas.

“LA CUCHARITA” su nombre era Natividad Niño. La pobreza de esta mujer del pueblo, se reflejaba sobre su física humanidad, la indumentaria que vestía, siempre andrajosa, raída y descalza, con un olor que impresionaba en el olfato de su mal oloriento cuerpo, seguramente por el oficio a que se dedicaba, lavar las mesas de picar carne de los peseros cuando terminaban sus labores.

¡Ay! de quien le dijera “Cucharita”, la reprimenda verbal iba acompañada de los mas terribles zurriagazos de malas palabras del mas grueso calibre.
De ella, hay una anécdota, anécdota como en todos los personajes típicos de los pueblos. “Una aristocrática señora llega al mercado y necesita comprar unas cucharas de palo, y después de comprarle la carne a un tal Elias el “burro”, la señora le pregunta: señor, dónde vendrán cucharitas de palo.

Elias con toda la maldad le dice: indicándole a Natividad la “cucharita” que estaba a cierta distancia, aquella señora le indica donde las consigue.
Llega la señora y le dice: usted me hace el favor de decirme donde consigo las cucharitas de. . . no dejó terminar a la señora por lo que le preguntaba, y se vuelve como una “víbora ” y le dice lo habido y por haber en malas palabras con voz ahogada por la cólera.

Esta ha sido la crónica sobre los personajes mas resaltantes en la Casa de Mercado Cubierto que han hecho la historia a finales de 1800 y comienzos de 1900.

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