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TEODORO GUTIÉRREZ CALDERÓN.   

Tomado del libro CITA HISTÓRICA del Sr. Luís A. Medina S. 

TEODORO GUTIÉRREZ CALDERÓN .

Carátura de GARAFE obsequiada y dedicada por el Dr Gutiérrez Calderón a raiz del reportaje que le hice en el año 1964. La cual conservo con todo cariño

TEODORO GUTIÉRREZ CALDERÓN.

Teodoro Gutiérrez Calderón, nació en San Antonio del Táchira, Venezuela, en el año 1890 y bautizado en San Cayetano del Norte de Santander, donde se formó y en cuya escuela pública adquirió la visión del mundo de las letras. Cursó en Pamplona mis tarde, estudios secundarios. Fue en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Bogotá, donde recibió el título de Bachiller, bajo la rectoría del eximio profesor Rafael María Carrasquilla. Estudió derecho durante algunos años en la Universidad Nacional sin llegar a graduarse. Pero su doctorado lo ganó con creces en el ejercicio de una vida activa, ágil, combativa y eminente. Murió el 15 de octubre de 1968, en Bogotá.

Como gratitud es memoria del corazón, unidad de la inteligencia y el amor, el más claro símbolo de lo que se pudiera profesar en la armonía de la existencia y la superación del conocimiento, la relación de lo que se aprende y se practica, he querido en esta “Cita Histórica”, como un homenaje póstumo al poeta Teodoro Gutiérrez Calderón, mi maestro y profesor, allá en ese templo de la enseñanza “Gremios Unidos”, incluir un reportaje que le hice con motivo de su coronación en un festival artístico y cultural como homenaje al poeta, el Departamento y la ciudad representados por sus gobernantes, intelectuales, artistas, educadores, estudiantes, periodistas, profesionales y gentes de todos los sectores sociales y políticos, le rindieron al poeta de nuestros valles, al intérprete fiel de la comunidad soñadora y arisca, al autor de “Suave Leyenda”, el más bello canto a la Patria y a la bandera, del “Himno del Norte”, “El Elogio de la Ignorancia”, “La Canción del Violín”, “El Lugar Preferido”, “El General Sandino”, “Cúcuta de los Ensueños”, “La Mujer de las Manos Cortadas” y tantos otros poemas, sonetos, sátiras que son joyas preciosas de lírica. Fue un homenaje del corazón, una fiesta del espíritu, una exteriorización del alma, realizado el 5 de octubre de 1964 en el “Teatro Zulima”.

REPORTAJE

Preguntas formuladas al poeta:

1. Cuénteme poeta, cómo fue su iniciación poética y en qué año?

R. Me inicié como poeta por allá en 1903, haciéndole la letra para cantarles, a mis vecinas sancayetaneras, Apolonia, María y Antonia Romero, con la música de otras canciones. Los temas preferidos eran el amor, la muerte y el despecho. Ellas las cantaban de noche, a la pata de un zorro loco que había frente a su casa, y mi abuela decía: “De- dónde diablos sacaran esas muchachas esos versos tan bonitos?”.

2. Recibió influencia directa de algún poeta?

R. El primer poeta que influyó en ¡ni fue, Julio N. Vieco, a quien se le quedó un cuaderno de versos manuscrito en el patio del cuartel donde se hospedaron los soldados del General Uribe al venir vencedores de Peralonso en 1902.

3. Mi estimado maestro, ¿Cuál ha considerado usted como su mejor poema o canto lírico?

R. Mis mejores cantos poéticos, son Suave Leyenda, La Canción del Violín, el Elogio de la Ignorancia, La Mujer de las Manos Cortadas y el general Sandino. Eso para mí, porque muchos lectores tienen diversos gustos.

4. Poeta, en la vida hay hechos tremendos que confunden, consternan y deprimen profundamente el ánimo y el espíritu. Qué acontecimientos y hechos graves han ocurrido en su vida que lo hayan consternado y deprimido profundamente?

R. Les acontecimientos tremendos que han ocurrido en mi vida, fueron: El asesinato de mi tío el General Belisario Calderón, que me costeaba mis estudios en Bogotá; la muerte de mi madre, y la muerte de mi esposa Ilda Rivera, madre de mi hija Cecilia Stella Gutiérrez Rivera.

5. Dr. Teo, usted en su larga vida de escritor y de poeta, de estar trajinando y jugando pudiérarnos decir, con la poesía, haciendo versos, ha escrito sátiras y cuál sería una de ellas?

R. Mi mejor sátira para mí, fue la parodia que le hice al Tesorero del Departamento Adolfo Guarín por allá en 1920 y de la cual recuerdo muchos pedazos. El talentoso intelectual pamplonés, Carlitos Valencia, con esos versos paradió la gran poesía de Francisco Restrepo Gómez, llamada por unos El Gran Crimen, y por otros, La Ingratitud.

6. Poeta y maestro, siempre a uno en la vida, hay algo especial que le llama la atención, o que admira o le impresiona. A usted qué poeta le ha impresionado más en su vida?

R. Son varios los poetas que me han impresionado hondamente, y los nombro por orden: el venezolano Víctor Manuel Bracamonte, el español Gustavo Reiquer, el alemán Enrique Heme, y los colombianos Julio Flórez, Guillermo Valencia, José Asunción Silva y José Eustacio Rivera.

7. Poeta, ya para no fastidiarlo más con preguntas y más preguntas, que gracias a su gentileza y benevolencia ha tenido la paciencia de contestarme, y para terminar agradeciéndole íntimamente el haberme concedido tan gentilmente este reportaje, mi querido maestro y profesor, diga- me qué es lo que más ama y quiere en su vida?

R. Lo que más amo y quiero en mi vida, es a mi hija Stella, porque fue el mejor regalo que me hizo Dios, Padre del Universo. Después, el amor, las letras, la música y los encantos de la naturaleza. Amo a los hombres de virtud o de talento. No siento odio por nadie, y sé admirar a la mujer hermosa o al hombre que vale por sus méritos.

8. Maestro “Teo”, coipo usted bien lo sabe, en todo reportaje se acostumbra a hacer una pregunta sorpresa. Y, aunque esta no es sorpresa para usted, tengo la curiosidad de hacérseIa. Cómo puede un hombre o mujer hacerse siquiera un regular poeta?

R. Mi querido discípulo y periodista Luís Medina. Necesita primero tener astro natural, y luego, perfeccionarlo por el estudio de la preceptiva literario y de los grandes autores.

Una buena poesía debe ser como una partitura musical, el poeta debe cantar para las mayorías poniendo en verso castizo, musical y sencillo, pero lleno de metáforas y de todas joyerías líricas lo que el pueblo quiere cantar y no puede. Todos ellos son sacerdotes del Arte y oficiantes de Dios mismo, ante el altar de la naturaleza.

Así concluimos el reportaje con el poeta Dr. Teodoro Gutiérrez Calderón.

CÚCUTA

Teodoro Gutiérrez Calderón

GUASIMALES fue llamada cuando niña esta mujer. 
Y una dama rica, su hada 
madrina, al verla nacer 
con su gracioso reir,
tan hermosa y vivaracha, 
se dolió de esta muchacha y le dió donde vivir.
Fue doña Juana Rangel 
De Cuéllar la rica dama, 
quien le regaló una rama 
florida de su vergel. 

Y creció tan primorosa 
y tan galante en amor, 
que hubo más de un ruiseñor trinando junto a la rosa. 
¡Cómo fue esbelto su talle, cómo fue altivo su andar! 
Todos tenían qué contar 
aleo de la flor del valle, 
porque, como una princesa de piel morena y garrida, 
reía cantaba la vida 
sobre sus labios de fresa. 

Pero celosos los hados 
malignos de su esbeltez, 
concibieron una vez 
pensamientos malhadados, y del antro del Averno 
subieron con ronco ruido 
y sacudieron el nido 
donde el trinar era eterno. 
La princesa, en sus dolores, 
vió morir entre ruinas 
las rosas más purpurinas, 
sus ruiseñores mejores. 

Mas la tierra sacudida 
es para el Bien buen abono. 
Volvió la niña a su trono, 
más gallarda y con más vida. 
Fue más lindo su palacio, 
su vivir más bullicioso 
y su jardín más hermoso, 
con más luz y más espacio. 
Alegre, bella y galana 
como un huerto en primera, 
no faltó quien le dijera 
la Andalucía Colombiana. 

Y es que nos cuentan los viejos 
que conocieron la moza 
que Cúcuta, generosa, 
fue espejo de mil espejos. 
Que en sus balcones floridos 
trinaba la serenata 
con su música de plata 
y sus cantos escogidos,
y que el sediento viajero, 
que imploraba su merced 
nunca se quedó con sed 
a las puertas de su alero. 

Tan grande fue su fortuna, 
que bien decirse podía 
que “era la noche su día 
y su sol era la luna”, 
porque en esta calle ancha 
y en este claro vergel 
pudo escribir don Miguel: 
“En un lugar de la Mancha, 
de cuyo nombre no quiero 
acordarme”, hay una cruz: 
¡don Talento y doña Luz, 
doña Gracia y don Dinero!

Un bardo, un rico cantor, 
en una oda exquisita, 
la Reina del Pamplonita
llamola, en frase de amor. 
Y otro bardo, mas sencillo 
pero mas enamorado, 
hizo de ella su granado 
y fue en él su pajarillo. 
Y ambos, después de sus besos
líricos, plenos de unción, 
a más de su corazón
le regalaron sus huesos. 

Rica, hacendosa, de un ser 
hecho a todos los amores, 
bajo cantares y flores, 
la niña se hizo mujer; 
y entre líricos engendros, 
traviesa, gentil y rara, 
no faltó quien la llamara 
la Ciudad de los Almendros, 
en la que miles viajantes, 
venidos de cien países, 
son en seno felices 
como rendidos amantes. 

Por su fe en la paz de Dios
y por su elegante porte, 
todos la Perla del Norte 
la saludan a una voz. 
Y es que en la paz es señora 
y es heroína en la guerra, 
pues dio a la historia y la tierra
dos héroes y una cantora 
Uno, el Hombre de las Leyes, 
que en El Rosario surgió 
y los tronos destronó 
de los reyes y virreyes; 

otro, la amante valiente 
que dio a Bolívar su amor, 
y su juventud en flor 
puso ante el fusil potente. 
Y la cantora, la tierna 
alondra que en su convento 
silenció su dulce acento 
por buscar la paz eterna. 
Y así es cómo en nuestra historia 
Mercedes y Hulda llenaron 
sus folios y nos legaron 
¡Una el verso, ambas la gloria! 

Ayer un mago del verbo 
que llegó de tierra extraña, 
que traspuso la montaña 
y vió nuestro olvido acerbo, 
al ver nuestro rico valle 
saludó a la joven bella 
como la Ciudad Doncella 
por su esplendor y su talle. 
Y otro varón, el feliz 
general de estirpe austera, 
llamó a la reina hechicera 
Centinela del País. 

Mas nunca fue el abandono
tirano de esta princesa: 
del dolor y la tristeza 
hizo ella placer y trono,
Con el esfuerzo viril 
de sus súbditos más fieles 
rasgó el monte, echó los rieles 
del primer ferrocarril. 
Por el lago Maracaibo 
se hizo ella camino al mar, 
porque no hay para triunfar 
mejor ley que el cruel destino. 

Y después, a todos lados 
se abre paso y horizonte: 
en donde reinaba el monte 
lucen hoy los verdes prados;
las carreteras se enfilan 
a Este, Oeste, Norte y Sur. 
Sobre este cielo de azur
todos los astros rutilan. 
Se han enlazado los trenes 
con el vecino rincón 
hermano en el corazón 
coparticipe en los bienes. 

No en vano señaló el rumbo 
de esta épica jornada 
la rojiza llamarada 
del Faro del Catatumbo,
que incendiando medio cielo 
en las noches estivales, 
les grita a los nacionales, 
con voz que colma su anhelo 
en dónde mora el tesoro 
del Dorado Legendario 
y en dónde está el relicario 
del viejo Príncipe Moro. 

¡Salve, pues, ciudad temprana, 
de grandes brazos abiertos 
al sol de todos los puertos 
y al son de toda campana! 
Ciudad con ojos de niña 
y senos de ardiente esposa: 
manos que son una rosa, 
labios que son una viña... 
¡yo te pido, en dulce prez, 
ser del bardo enamorado, 
para cantar, su granado; 
para morir, su ciprés! 

HIMNO DEL NORTE

Teodoro Gutiérrez Calderón

(Música del maestro José Rozo Contreras)

(CORO)

Del Norte, bravos hijos, 
cantemos con el alma: 
¡la vida por la gloria, 
la gloria por la Patria!



En una villa nuestra, 
sin reyes ni virreyes, 
el Hombre de las Leyes
formó su altivo ser. 
Si es suya nuestra gloria 
y si él nos hizo grandes, 
a lo ancho de los Andes, 
gritemos: Santander.

II

Bolívar, cuyo genio 
nos dió su llamarada,
la huella aquí estampada 
dejó de su corcel. 
La tierra es nuestro oro, 
la paz es nuestro empeño 
la guerra, nuestro sueño,
en busca del laurel.

III

En todo somos grandes, 
¡oh noble raza austera, 
que cuidas tu bandera, 
idioma, historia y cruz!
iQue nadie un solo palmo arranque a nuestro suelo, 
en tanto que en el cielo 
el sol nos dé su luz!

IV

Por ti daremos todo, 
Colombia, en tu derecho: 
aquí está nuestro pecho 
y adentro el corazón... 
La madre que no llora, 
la hija que nos ama...
¡Marchemos, que nos llama el épico cañón!



LA MUJER DE LAS MANOS CORTADAS

Teodoro Gutiérrez Calderón

I

Le cortaré las manos, para ejemplar castigo, 
a quien desde hoy dé alguna limosna a algún mendigo, para acabar con esa costumbre inveterada 
de andar tanto haraposo por mi ciudad sagrada. 

Tal fue la dura orden de un severo sultán... 
Nadie dará dineros, ni vestidos ni pan. 
Los súbditos del reino la orden cumplir juraron 
y del país los pobres mendigos emigraron. 

Pasado un tiempo, un mísero hombre desconocido 
cruzó todas las calles, y cuando recorrido 
hubo todas las casas, llegó a la de una moza 
mujer, de aspecto dulce y sonrisa graciosa, 
diciendo: “Dame un trozo de pan, buena señora, 
que vengo de muy lejos y el hambre me devora. 
No hagas como hacen todos, que me rechazan fieros. Hazlo en nombre de Dios que creó los ganeros”. 

La joven, que oyó el nombre de Dios,con mil afanes 
y gran temor, al pobre mendigo dio dos panes. 
Al saberlo el sultán, mandó inmediatamente 
llevar a su palacio la joven delincuente, 
y sin mirarla apenas, hizo que dos villanos 
cortaran a la bella mujer sus bellas, manos! 

Días después, cansado de estar solo el severo 
sultán, llamó a su madre y díjole así: “Quiero 
para matar mi hastío, y pues soy ambicioso 
conseguir una esposa que tenga un rostro hermoso”.

“Una conozco —dijóle con maternal afecto— 
pero que tiene, ¡oh hijo!, un enorme defecto,
y es que no tiene manos: pero ella es tan hermosa, 
que al mirarla a la cara cree uno que es una rosa”. 

“Tráemela, quiero verla. Tal defecto es pequeño 
si tiene un dulce paso y porta un grato ceño”. 
Cuando el sultán severo la bella joven vió, 
maravillado de ella, la amó y la desposó. 

Ella fue la sultana favorita, y un hijo 
tuvo del casto seno, con que el cielo bendijo 
sú desgracia, pues ella se sentía dichosa 
mirando de su niño la carita graciosa. 

Las las otras mujeres, con la envidia del celo 
y el dolor del olvido como la sierpe el suelo 
rastrea, malpusieron ante el sultán creído 
a la bella mujer, que él al fin dio al olvido 
y mandó que llevaran a un desierto lejano 
a la madre y al hijo. . . Padre, esposo inhumano? 

II 

Con el niño a la espalda y buscando agua pura, 
hasta un frió pozo de honda linfa oscura 
llegó, y a él asomándose para beber ansiosa, 
sintió que el frió pozo rodó su carga hermosura. 

Gimió. Lloró dolida. Y cuando —loca— quiso arrojarse
dos hombres llegaron de improviso, 
y uno la dijo: “Qué vas a hacer, desgraciada! 
¡sacaremos tu niño, mujer desventura!” 
Y en tanto que los hombres doblaban la rodilla, 
y una oración alzaban al cielo, oh maravilla! 
sanó y salvo del agua el niño fue safiendo, 
a los hombres mirando y a la madre sonriendo.
Y replicó uno de ellos: “ ¡A quién cortó tus manos
en vida las dos suyas tragaran los gusanos! 
Mas las tuyas, sufrida mujer, ¿no quieres verlas? 
Mira: porque un día fuiste buena, ivas a tenerlas!” 
¡Y en tanto que los hombres de rodillas oraban, 
sobre los dos muñones las manos retoñaban! 
Y se vieron tan blancas, tan suaves y ligeras, 
que ella dijo: “Son estas mejor que las primeras! 
Mas, ¿quiénes sois vosotros —repuso agradecida—, 
que dos bienes tan grandes hacéis hoy a mi vida?” 
Y respondió uno de ellos con voz de dulce amigo: 
¿NOSOTROS? ¡LOS DOS PANES QUE LE DISTE AL MENDIGO!


SU POESIA

Teodoro Gutiérrez Calderón

Fue un cantor romántico, del más puro sentimiento, de bellas imágenes adornadas de metáforas, de rima singular como inolvidables. Flores de Almendro, fue el libro que en 1934 recogió su lírica fecunda. En 1966 “Frontera Lírica”, sintetizó los mejores versos del trovador y cantor.

LA CANCION DEL VIOLÍN

Ya viene el vals azul. . . ¿Por qué palpitas,
miedoso corazón, y no meditas 
en la luz, en el ritmo y en las cosas? 
Mira las azi&cnas primorosas,
las esquivas violetas exquisitas,
la carne blanca de las margaritas 
y la carne rosada de las rosas. 

YA viene el vals azul.. . El alma canta 
como un turpial en una fronda espesa, 
La cuerda oscila entre los dedos presa, 
y el arco tembloroso se levanta, 
¡cuchilla que degüella la garganta 
desnuda de una pálida princesa!
No llores, corazón. Nadie ha venido 
a desplumar las aves en el nido. 
Es el artista, que con mano leve 
aprieta el cuello del violín sonoro... 
¡Es la blanca llovizna de la nieve 
sobre un rubio jardín de seda y oro! 

¿No oyes la nota elástica y cobarde 
que finge huir y dibujar la mueca 
de las últimas luces de la tarde 
sobre los musgos de una fuente seca? 
No es canto de dolor. Es la tranquila 
gota de luz en una azul pupila. 
Es el soplo menudo 
de la brisa nerviosa,, que importuna 
el muslo blanco de un doncel desnudo. 
Es el rayo de luna 
que tiembla entre las sedas de una cuna. 
¡Es la canción serena, 
amorosa y extraña, 
del agua sorprendida en que se baña 
una virgen morena! 

II 

(En un florero de cristal se esponja 
un ramo de azucenas blandamente, 
como la cabellera de una monja 
que se peina a la orilla de una fuente) 

III 

El arco traza su flexible huella 
sobre-las cuerdas frágiles, cual una 
enamorada cinta de la luna 
en las rubias guedejas de una estrella.
Y la armonía vaga 
que entre la caja del violín se apaga 
con el dolor de un monje solitario, 
como la perezosa luz de un cirio 
con la quietud solemne de un santuario. 
Alma: ¿por qué no quieres
llorar en el jardín con las mujeres? 
¿No escuchas la romanza seductora 
del violín? No es un canto ni una risa. 
Es un niño que llora 
bajo el beso asfixiante de la brisa 
y el abrazo enfermizo de la aurora, 
Es la lamentación del peregrino,
que el mal devora y el dolor consume, 
y sólo halla, a través de un camino, 
¡puertas cerradas, flores sin perfume, 
platos sin pan y cántaros sin vino! 

IV

¡Amor, amor!. . . Para tu beso puro 
es lo mismo la roca que la espina, 
¡Amor; mujer divina, 
corona de laurel, trigal maduro!
¡Dolor: bálsamo intenso 
que haces la vida breve
y das al corazón olor de incienso 
y blancura de lirios y de nieve! 



Así cantó el violín.. . Varió sus galas
el clavel en los huertos encendidos. 
Sacudieron la seda de sus alas
las aves en los nidos. 
¡Y rociaron esencias exquisitas 
en el aire, en el alma y en las cosas, 
la carne blanca de las margaritas 
y la carne rosada de las rosas!

 

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