Logo de Cucutanuestra
CONTACTO:

Correo:
cucutanuestra@gmail.com
Celular: (57) 310 6975951
Bienvenido
Cucutanuestra.com con toda la información sobre la ciudad de Cúcuta

DANIEL HERNÁNDEZ
Tomado del libro CITA HISTÓRICA de Luís A. Medina S.

DANIEL HERNÁNDEZ

(1848 1885) GENERAL DANIEL HERNANDEZ Entre los muchos datos históricos hallados de personajes ilustres, tenemos que mencionar al General Daniel Hernández para esta reseña de “CITA HISTORICA” que hemos titulado “PROHOMBRES DEL NORTE DE SANTANDER”.

Al estudjar la vida de nuestros hombres es muy raro encontrar quienes hayan podido ofrendar a su Patria largos años consagrados a su servicio, y quienes hayan podido alcanzar un éxito fecundo en los diversos ramos de la administración.

Cuando entre nosotros surge un hombre superior; cuando su talento ha podido, gracias a una poderosa energía, hacerse salir del montón, una lucha mas brava aún le espera entonces y el sostenerse en medio de sus innumerables' escollos es lo que nadie o casi nadie ha conseguido.

Cuando una cabeza privilegiada y un esfuerzo constante y eñcaz han logrado llevar a los ámbitos de la patria la fama de un Rafael Uribc Uribe, una mano invisible corta el hilo de aquella vida, y aquella actividad de cuyas luminosas manifestaciones tanto esperaba la Patria se desploma dolorosamente.

Convertirse en tirano es otra cosa. Plegar la voluntad y adaptarla a la necesidad del momento buscado entre lo más abyecto el personal propio para perpetuarse en la altura y dominar y envilecer a su Patria como lo han hecho Nuñez en Colombia y Juan Vicente Gómez en Venezuela, es algo para lo cual el talento es innecesario y la virtud inconveniente.

Con todo, nuestro suelo no ha sido nunca propicio para alimentar tiranos. La gran masa ha sabido siempre buscar sus conductores y seguirlos para hallar bajo el imperio mágico de su palabra y de su acción la reivindicación de sus derechos. EÜos han sabido ser mártires pero su sangre ha sido recogida religiosamente y con la memoria de su ejemplo han seguido el bien del pueblo por quién se sacrificaron.

Una de las figuras más gallardas y cuyo relieve parece reunir un conjunto de todas las virtudes es la del joven General Daniel Hernández. Nacido en la ciudad de Pamplona de una de las familias mas distinguidas del país y rodeado de las simpatías a que lo hacían acreedor su esmerada educación, la familia aristocrática a que pertenecía, el don de gentes que lo distinguía y una muy desahogada posición económica, no vaciló en entregarlo todo al servicio de la Patria cuyo decoro y libertad le merecieron siempre sus más definitivos sacrificios.

A fines de 1874 se vió claramente cuajar en el horizon- te patrio la nube que después debía descargarse para producir a la Patria los más negros quebrantos y las más dolorosas humillaciones.

Cuando arrebato el sufragio y burlados los derechos ciudadanos en todo el país se hicieron inútiles las protestas platónicas, el joven militar abandonando, su hogar, cuyos hijos pequeños reclamaban sus inmediatos cuidados, levantó en el Norte una división con la cual tomó las poblaciones de Cúcuta y Pamplona y marchó sobre Bucaramanga en donde organizó el triunfo obtenido por Domingo Castro, Vicente Uscategui y M.D. Granados sobre fuerzas veteranas muy superiores mandadas por J.M. Dávila.

Todas las voluntades estaban acordes en el Estado para competir la dictadura, que debía traer como resultado el triunfo definitivo del partido conservador. La política, cuyo juego desempeñó entonces un importante papel, fue el arma con que adelantando halagüeñas promesas acalló por entonces el entusiasmo liberal.

Solo el General Daniel Hernández con su pequeño ejército permaneció con el arma al brazo y como centinela avanzado de la causa, reaccionó contra la traidora actitud del doctor Nuñez, y organizando un fuerte y bien equipado ejército desfiló por la región de García Róvira y pasando la frontera de Boyacá quizo batir las fuerzas nacionales para arrojar del solio al traidor, cuando la mano invisible que había marcado la desgracia definitiva del liberalismo colombiano lo alejó del mando de las fuerzas.

Como subalterno el General Daniel Hernández, mostró a sus compañeros de armas el camino mas práctico para llegar a la victoria; como veterano, fue el más decidido cumplidor de su deber en el desarrollo de la absurda y desgraciada campaña que aniquiló sin combatir, aquel brillante ejército cuyos restos fueron a parar a las desoladas llanuras de Casanare.

General y soldado al mismo tiempo, fue el alma de acero del liberalismo en aquella inmotivada derrota. Su espíritu militar acompañó al soldado a través de los páramos, le dio la mano cuando enfermo del cuerpo y acongojada el al-ma por la duda de quien desconfiado del valor de sus jefes, desfallecía a lo largo de los caminos para sobrellevar personalmente y con heroica resignación la desolada amargura del General que adivina que en el combate está el éxito de su causa y se ve condenado por una voluntad superior a perecer poco a poco en una dolorosa e inmerecida derrota.

De Casanare regresó el diezmado ejército a Santander y después de esquivar sistemáticamente cuantos encuentros presentaron las armas enemigas, desfiló por la vía de Puerto Wilches a la Costa, de donde había esperado elementos para reaccionar en la lucha.

En esa empaña en donde viejos Generales enterraron lo más granado y valeroso de la juventud liberal, fue precisamente donde mejor brillaron el talento, la abnegación y el patriotismo del héroe pamplonés.

El General Gaitán Obeso, otro mártir inolvidable de nuestra causa, había emprendido la lucha en el río Magdalena y con una audacia y un valor admirable logró dominar completamente desde Girardot hasta Cartagena, en donde se atrincheraron los restos del ejército enemigo, a órdenes del General Palacios.

Gaitán había pedido a Santander fuerzas para intensificar su campaña; la llegada del ejército del centro llevó a las murallas la mayor parte de sus efectivos. El ardor y el entusiasmo del jGeneral Gaitán lo pudo convencer de que él podría ser el primero que tomaría a viva fuerza la tal fortaleza.

Logró comprometer en su patriótico afan, la hasta entonces exagerada prudencia de los Generales Camargo y Vargas Santos, quienes convinieron en compartir la responsabilidad del Jefe costeño en su loca aventura. Las históricas murallas vomitaron fuego y el ejército de Santander regó con su sangre aquellas inhospitalarias arenas, luchando con un enemigo invisible.

Todas las circunstancias fueron entonces adversas a los Jefes liberales cuyo ejército perdió muchas de sus unidades al tratar de forzar por el mar la entrada a la ciudad, mientras otros caían acribillados cuando en lo alto de sus escalas, no alcanzaron a tocar los bordes de la muralla.

La conducta de los Jefes y soldados a cuyo lado estaba Daniel Hernández, fue heroica hasta lo increíble y ante el inevitable y pavoroso desastre no perdieron aquellos hombres ni el entusiasmo ni el brío de que tantas pruebas había dado. No podemos pasar por alto una circunstancia, la más importante que se ha presentado en los últimos años de nuestra vida Nacional, y que consiste en la intromisión de las fuerzas americanas en favor de las armas del doctor Nuñez, con quien ya tenían celebrada inteligencia respecto a la desmembración de la Patria con la anexión del territorio de Panamá.

Durante el sitio de Cartagena los barcos americanos arribaron a la ciudad muchas veces para llevar a los sitiados auxilios de guerra y mas tarde intervinieron descaradamente a órdenes del Contralmirante Youett, quien de lleno tomó parte en la contienda. Este ultraje hecho a la soberanía de Colombia fue enrostrado a los soldados de Nuñez por el General Daniel Hernández en su última proclama de la cual insertamos lo que al caso se refiere.

‘‘Conciudadanos. . . Ayer defendíamos la integridad de las instituciones, hoy a tan bella causa se agrega la de la integridad del suelo y la autonomía de Colombia, de esta herencia preciosa de Colón rescatada de la servidumbre con tantos sacrificios y vendida traidoramente por el dictador al extranjero a cambio de apoyo para sus ambiciosas miras”.

“Nuñez es traidor al Partido liberal entregándole al conservador aleve y cobarde, que por vías inmorales busca el camino del poder, y traidor e infame ante el país a donde trae elementos extraños para que sus tfopas le den la victoria que la opinión le niega, en cambio del nudo nacional, en cambio del Itsmo, llave del comercio universal...”

“Colombia espera con derecho que sacaremos avante y pura la noble bandera de una causa nobilísima, la causa del liberalismo y la más gloriosa aún de la integridad Nacional!”.

La causa del doctor Nuñez triunfó. La presión americana consiguió aniquilar en parte los esfuerzos del liberalismo y años después el Presidente de los Estados Unidos reclamó el pago de su cooperacion y el Departamento de Panamá, pasó a ser República en la forma que todos los colombianos conocemos. Lo que antes de la separación de aquel Departamento se escribió y lo que se dijo en el Parlamento colombiano justifican en parte la actuación de Esteban Huertas, soldado oscuro y desgraciado que no fue sino un medio para consumar hechos tramados por inteligencias superiores, sobre cuya memoria ha de caer de lleno el baldón que merecen como traidores. A bordo de un vapor americano se quiso pactar la paz que no aceptaron los jefes conservadores. Grandes fueron los esfuerzos que en aquella ocasión llevó a cabo el General Daniel Hernández para evitar que lo sucesivo se derramará mas sangre, ’poniendo desde entonces fin a la lucha.

Aquel hombre tan ardoroso en las batallas y a quien se ha tratado de señalar como impetuoso e irreflexivo dio muestras Entonces de que la gloria de las armas no era suficiente para eclipsar en él la conciencia de los beneficios de una paz honrosa.

Fracasadas las negociaciones los Jefes Camargo y Vargas Santos, resolvieron remontar el río Magdalena para llevar otra vez al interior aquella lucha que tan desfavorable se había presentado en la Costa.

El General Quintero Calderón, Jefe conservador muy conocido, había salido de Ocaña con su ejército de santandereanos y se disponía a bajar el río para cerrar el paso a las fuerzas liberales que buscaban, como ya hemos dicho, su salida al interior. En una. vuelta del río tuvo lugar el encuentro que en un principio se inició entre dos partidas de aquellos ejércitos y que poco después se generalizó viniendo a convertirse en la sangrienta batalla que se llamó de “La Humareda”.

Las fuerzas conservadoras que estaban en tierra esperaron emboscadas el ataque del enemigo, que falto de organización y de acuerdo, se lanzó por una senda estrechísima para ponerse bajo sus fuegos y perder allí lo mejor de sus Jefes. No se conoce la causa por la cual no se atacó simultáneamente con la acción del ejército de tierra, por la artillería de los buques.

El General Hernández intrépido como siempre y a la cabeza de los batallones Pamplona, García Rovira y Bucaramanga se lanzó sobre el enemigo llevando al cinto aquella espada que como homenaje a su valor le había regalado el ejército del Atlántico.

Sin medir el peligro en los momentos en que animaba a los suyos a la lucha, cayó herido de muerte por una bala enemiga. Muerto en el campo de batalla aquél héroe, recogió su cuerpo caliente aún, su valero y leal amigo el General Foción Soto, quien lo levantó en sus brazos y lo llevó a bordo de un buque para darle después sepultura en compañía üe los cadáveres de los Generales Sarmiento, Bemal, Plutarco Vargas y Lombana, en la ciudad de Mompós.

De la pluma del General Foción Soto aquel gran patriota salió después el homenaje más puro y más sincero al cual gustosos reproducimos por creer que es un escrito tan completo y tan justo sobre la memoria del grande hombre.

“ ¡Pobre Daniel! “. . . Pero no. Pobre la Patria, que así pierde a uno de sus hijos más preclaros! ¡Pobre su familia, huérfana de un esposo y de un padre ejemplar! ¡Pobre su madre, que en él veía padre, esposo e hijo! ¡Tú no, amigo inmejorable, tú no eres digno de lástima! ¡Caíste como el roble corpulento tronchado por el huracán, y moriste con la fe de la victoria en tu corazón y con el alma limpia de la corrupción que hoy nos envilece! ¡Tú espíritu se cernió en las regiones de la inmortalidad, y tu recuerdo no perecerá mientras palpite en Colombia siquiera un solo corazón noble e independiente.

Para tí "no vino esa pavorosa noche que hoy envuelve en densas tinieblas esa tu Patria tan amada! Bajaste al sepulcro, puro de las inmundicias que hoy ostentan su desvergüenza en la cuna de Caldas y de Frutos Gutiérrez^ de Torres y de Santander! Qué suerte la tuya tan envidiable! Vivir tan solo 37 años y dejar por donde quiera estela de luz.

Tu noble corazón no conoció la venganza ni el odio, y <u única ambición era la de ver a tu Patria libre y honrada.

Pudiste figurar mucho, más no quisiste, y llevaste tu modestia hasta el punto de no asumir el título legítimo de Presidente de Santander para no aparecer como ambicioso. Creaste un ejército, levantaste muy alto una bandera gloriosa, la de la reindicación de todo derecho hallado por las mas menguadas de las dictaduras que ha manchado a Colombia y cediste voluntariamente el mando de éste ejército y el hcíior de empuñar esa bandera a quién creiste más digno de hacerlo.

Tu prodigiosa actividad, tu robusta constitución, tu agilidad y resignación en las penalidades, tu inagotable cuidado con los soldados, tu pericia, tus ingeniosas tretas para engañar al enemigo, tu admirable valor, hacían de tí un hombre dotado especialmente para la guerra, para lo cual solo faltaba un poco x. ás de aplomo, que habrías adquirido y habrías venido a ser un gran Capitán. .

.” La muerte del General Hernández en los momentos en que sobre las bocas de los fusiles enemigos desalojaba paso a paso de sus oscuras trincheras a los soldados de la dictadura no produjo entre los suyos el pánico que ordinariamente sucede en estos casos. El valor de las tropas del ejér- cito de Santander se enardeció de tal manera que Jefes, Oficiales y soldados, todos quisieron vengar la muerte de su gallardo compañero, corriendo muchos la misma suerte, de tal modo que la Causa tuvo que lamentar la muerte de los Generales Pedro J. Sarmiento, Fortunato Bemal, Capitalino Obando, Plutarco Vargas, Bernardino Lombana, del distinguidísimo joven Luis Lleras, del valeroso Coronel Rincón, y de muchos otros que rindieron allí gloriosamente su vida para obtener la mas completa victoria sobre el enemigo. Las dianas de aquel triunfo se confundieron con el funeral por la muerte de tantos valientes. El partido liberal de Colombia no ha olvidado ni puede olvidar a sus grandes mártires entre los cuales el nombre de Daniel Hernández se ha hecho legendario en la historia de Colombia.