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LA FUNDACIÓN DE CÚCUTA
Tomado del libro CONOZCAMOS A CÚCUTA del Dr. Fernando Vega Pérez, presidente de La Academia de Historia del norte de Santander.


Para el año de 1933, y con motivo de conmemorarse el segundo Centenario de La Fundación de Cúcuta, el 17 de Junio, la Secretaría de Educación del Departamento y en su REVISTA DE EDUCACIÓN PUBLICA DEL NORTE DE SANTANDER, publicó por primera vez, a excepción de la Escritura de Donación, toda la Documentación referente a la fundación de la Ciudad de Cúcuta, en homenaje a la Donadora de Los Terrenos, Doña Juana Rangel de Cuellar. Esta publicación era dirigida por los ilustres hombres de letras e historiadores Señores. Don León García Herreros y Don Arturo Villamizar Berti.
Creyendo es una obligación dar a conocer nuevamente estos Documentos, con el fin de que nuestra juventud conozca su pasado y los esfuerzos que hicieron quienes fundaron nuestra ciudad y rindan homenaje de admiración y respeto a todas y cada una de aquellas 28 personas que, desprendiéndose de sus propios bienes y comprometiendo a su descendencia, hicieron posible la fundación de la Ciudad y la Erección de la Parroquia.
Igualmente creo importante su publicación para que la conozcan quienes, de manera irresponsable y sin fundamento alguno, tratan de desvirtuar los hechos, basados en suposiciones o en argumentos que nada tienen que ver con la Fundación de la Ciudad.
La búsqueda de nuestra verdadera identidad nos lleva a tratar de conocer todas las facetas que han incidido a formar nuestra Personalidad, nuestra Sociedad y nuestra forma de Gobierno.
Pero, quizá, las brumas del pasado y la inmensidad del tiempo transcurrido hacen difícil la búsqueda de este objetivo. Es imperioso que al abrir las páginas de la Historia tratemos de ubicarnos en el mismo instante de los acontecimientos que nos han afectado, como el descubrimiento, la conquista, la ocupación de nuestro territorio, la fundación de Cúcuta y, poder así, analizar la realidad de los hechos.
Situémonos en el momento de la Conquista y para ello oigamos lo que el Sr. José de Austria, en su Libro. “Historia Militar de Venezuela” nos dice en algunos de sus apartes, refiriéndose a esta época:

A la guerra cruel de una invasión audaz, siguió la calma del exterminio y bajo la dominación ominosa de los usurpadores, la América entera se convirtió en el vasto sepulcro de sus infortunados hijos...
Desgraciada tierra de los desvelos del infortuna
do Colón 1 ! Triste descubrimiento del Nuevo Mundo !... El soplo de la fatalidad arrojó sobre nuestras playas a los Conquistadores. A sus primeros pasos siguieron los crímenes y a los crímenes el abismo de las crueldades..
Los despojos de nuestra opulencia no les saciaron su sed de oro: ni tanta sangre derramada calmó el furor de estos Conquistadores, que a nombre del Dios de las Luces y de toda Bondad, e invocando el Evangelio, derramaron el estrago donde habían bienes y dictaron la muerte para quienes amaban su patria y defendían sus derechos..”
Este vendabal de pasiones que fue la Conquista dejó huellas a su paso, huellas que han perdurado en el tiempo, huellas que nos afectan unas, en forma positiva, otras en forma negativa. Una de estas huellas ha sido las mal llamadas Fundaciones de Ciudades por parte de los Conquistadores.
El Conquistador, al hacer una Fundación, no tenía tiempo de entrar a estudiar la bondad del sitio ni a sopesar las proyecciones que su Fundación pudiera tener en el futuro, no sopesaba la continuidad de su acto ni el beneficio que para una región pudiera tener. Tan solo veía en ellas el puesto de avanzada o el centro de operaciones en su empresa de Conquista, de usurpación. El Conquistador subyugaba a los aborigenes, ocupaba sus asentamientos, los acondicionaba a su forma de vivir y a nombre del Rey de España Fundaba una ciudad a la cual, muchas veces, daba el nombre de su origen y levantaba un protocolo de este acto.
Cúcuta, y es la realidad, no tuvo una fundación como las acostumbradas en la Conquista o en la Colonia, ya que no contó con un Conquistador que a nombre del Rey de España usurpara las tierras de los aborígenes y entre resecos, ya, charcos de sangre de los desarmados habitantes, clavara en nuestro suelo el Estandarte, símbolo de posesión del lugar y de su acto de Fundación. No tuvo San José de Cúcuta una Fundación como las acostumbradas por los famosos Encomenderos, quienes a costas de la vida de los aborígenes explotaban nuestras tierras en cultivos y en minas y quienes hacían que nuestros nativos cumplieran las Leyes impuestas por ellos, Leyes que ellos no respetaban, ya que se creían dueños y señores de vidas y haciendas.
Por el contrario, San José de Cúcuta fue fundada por un grupo de 28 habitantes de nuestra región: fue una fundación premeditada: fue una Fundación Concertada: una fundación que efectuaron los hijos de los españoles que ya habían nacido en nuestro suelo y que cada día querían y apreciaban más su Patria Chica y quienes se iban diferenciando de sus ancestros que aún dependían afectiva, cultural, y económicamente de España.
Cúcuta fue fundada con un espíritu comunal, de asociación, ya que, previa a la solicitud de Donación de las tierras para su fundación, habían concertado numerosas reuniones en las que trataron sus problemas comunes y mas urgentes y durante las cuales buscaron la forma de resolverlos y, a decir verdad, la encontraron con la Fundación de Cúcuta.
“Notorio sea a los que la presente escritura de obligación vieren, como nosotros los vecinos de la Ciudad de Pamplona del Nuevo Reino de Granada de las Indias, residentes en el Valle de Cúcuta, jurisdicción de dicha ciudad, en donde asistimos y tenemos aposentos y casas de nuestras moradas de campo queremos los que adelante iremos nombrando: Habiéndonos juntado y estando ciertos y bien instruidos de lo que en el caso aquí sea expresado, podemos y debemos hacer y el derecho que nos asiste y para el mejor éxito de lo que pretendemos...” Así se expresaban quienes quisieron fundar a Cúcuta en la escritura de Obligación que firmaron los Fundadores de Cúcuta, el 25 de Junio de 1733, ante Don Juan Antonio Villamizar y Finedo.
Mas adelante y en la misma Escritura expresan: ... “cuya fundación se ha de hacer en medida estancia de ganado mayor, que en el dicho sitio de Guasimal para el dicho efecto tiene donada Doña Juana Rangel de Cuellar por Escritura, otra de los Fundadores, tierra sana, con llano apacible para planta, teniendo el río de Pamplona que por el dicho sitio pasa, para agua y montaña para leña, para habitación de los habitadores, pasto común para las bestias que tuvieren y tierra de labor y regadío y demás requisitos que son necesarios para una fundación, y por lo que para la erección de Parroquia que pretendemos es lo primero asegurar congrua suficiente para el cura”...
Como se puede notar en esta escritura y en la Escritura de Donación distinguían los fundadores la Fundación de la Ciudad y la Erección de la Parroquia.
En similar sentido se expresan en la Escritura del 25 de Junio de 1733, por medio de la cual conceden poder al Dr. Don Nicolás Dávila Maldonado en primer lugar; en segundo lugar a Capitán Don Joseph Sanches y en tercer lugar al Misionero Don Manuel Núñez para que a nombre de los Fundadores, (solicitantes), soliciten ante el Arzobispado de la Nueva Granada y ante la Real Audiencia la correspondiente autorización de la Erección de Parroquia y de la Fundación de la Ciudad y piden, de acuerdo al derecho que les asiste, poder dar al candidato para que sea nombrado Párroco de la Nueva Parroquia.
El 28 de Junio de 1733 firman Escritura por medio de la cual cada uno de los fundadores de la población y de la Erección de la Parroquia se comprometen y aportan lo necesario para la construcción del Templo. Y anteriormente, por medio de la Escritura del 25 de Junio de 1733, con sus bienes y pertenencias aseguraban una renta para el Cura Párroco.
Ahora bien, situémonos en el mismo momento de la Fundación de San José de Cúcuta. Para esta época ya hacía mucho tiempo que el Conquistador Alfonso Alfinger había cruzado por primera vez nuestras tierras con su expedición que solo desolación, despojo, y muerte dejó a su paso. Igualmente, hacía mucho tiempo que Don Pedro de Ursúa y Don Ortún Velazco habían fundado a Pamplona y que de su expedición salieran quienes fundaron a Salazar de las Palmas, Ocaña, San Cristobal, Mérida y La Grita. Hacía varios años que el Capitan Antonio Jimeno de los Ríos fundara a San Faustino y, también, hacía varíos años que los Motilones la había destruído.

Ya,
en aquella época en nuestras tierras, reinaba aquella paz que sigue a las borrascas y que permitía fuera  pacíficamente habitadas por los descendientes de los Españoles, quienes la trabajaban y de ella obtenían su sustento. Hijos de Españoles, que como dije anteriormente, amaban su Patria Chica y procuraban para ella y lo suyos, la prosperidad, el orden y e progreso. Hijos ya de nuestra región que se reunían para estudiar sus problemas, buscar sus soluciones y plasmar para la región un verdadero, hoy llamado Plan de Desarrollo.
Por lo anterior y luego de que sean leídas las Escrituras de la fundación que se publican al final, todos los Cucuteños, por nacimiento o por adopción, debemos rendir un permanente tributo de agradecimiento a quienes dejaron plasmada su huella con la fundación de la ciudad y nos enseñaron que los problemas nos atañen a todos ya que su solución, también, nos favorece a todos. Grabemos pues los siguientes nombres en nuestro corazón:
1. Sargento Mayor Don Félix Trujillo Salvago
2. Don Juan de Lara Joyel
3. Don Juan de Avendaño Narvaes
4. Doña Bernarda de Leyva
5. Doña Isabel de Leyva
6. Don Joseph Ramíres
7. Don Manuel Ramíres
8. Don Juan Francisco de Lara
9. Don Vicente de Soto
10. Don Joachin Trujillo
11. Don Xavier de Abrego
12. Don Franco Dias
13, Don Juan Arias
14. Don Juan de Orosco
15. Don Henrique de Acevedo
16. Doña Luisa Orosco
17. Don Gaspar Sambrano
18. Don Ignacio Rivera
19. Don Nicolás Rangel
20. Don Thomas Rodríguez
21. Don Marcos Moreno
22. Don Joseph García
23. Don Andrés Ranjel
24. Don Martin de Sumalabe
25. Capitán de Infantería [spañola Don Joseph Gomez Figueroa
26. Doña Juana Rangel de Cuellar
27. Don Juan Jacinto de Colmenares
28. Don Francisco Rangel