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JUANA RANGEL DE CUELLAR 
Tomado del libro CITA HISTÓRICA del Sr. Luís A. Medina S.

JUANA RANGEL DE CUELLAR

Ilustre, generosa y magnánima señora cuyo nombre estampamos con especial reverencia y agradecimiento, nació en Pamplona el 6 de octubre de 1649, en la casa que sirve hoy de Palacio Espiscopal, propiedad de sus mayores, y fue bautizada el 25 de mayo de 1651, según lo expresa la siguiente partida: “Joana— En Pamplona, en veinte y cinco de mayo de mil seiscientos y cincuenta y un años, yo el Mtro. D. Frdo. Carrillo y Sotomayor, presbítero, capellán del convento de monjas de Santa Gara, con licencia del Párroco, dije bendiciones, puse óleo y crisma a JOANA, hija legítima del Capitán D. Pedro Rangel de Cuéllar, Alcalde ordinario, y de Da. Paula de Al tu ve; fue padrino el Dr. Alonso Rangel de Cuéllar; a la cual echóse agua a necesidad en seis de octubre del año de seiscientos y cuarenta y nueve; fue padrino el dicho Dr. y lo firmo de mi nombre. —Mtro. Don Fdro. Carrillo y Sotomayor”.

A la edad de veintitrés años quedó Huérfana de padre (1672) y entonces a residir a Tonchalá en unión de doña Paula, señora que falleció allí en 1694.

Fue poseedora de cuantiosos bienes, entre los cuales estaba el sitio de Tonchalá, que hubo por herencia de un tío, el acaudalado sacerdote don Alonso Rangel de Cuéllar; la estancia del Rodeo del Cazadero, habida por bien hereditario paterno; la estancia de Morantes; el cerro del Magro; el sitio de Guauas y el célebre sitio del Guasimal. Fue además dueña de numerosos ganados y poseyó la casa solariega de Pamplona, donada por su hermano mayor.

La Fundadora firmó varias escrituras de libertad de esclavos “poniendo en consideración el mérito que para con Dios podría conseguir en sacar de cautiverio y poner en libertad a cualquier esclavo cautivo”.

De ellas citamos la otorgada el 10 de noviembre en favor de José, de edad de veintiún años; otra, también en 1727, en beneficio de los mulatillos Teodora y José Prisio, éste de cuatro meses y Teodora de dos años, y otra fechada en 1733 en favor de la párvula Inés Rafaela.

A la avanzada edad de 84 años —17 de junio de 1733— firmó en Tonchalá la escritura por la cual donó media estancia de ganado mayor del sitio de Guasimal para fundar a Cúcuta.

Dos años después —24 de junio de 1735— asistía como madrina de un niño bautizado en la capilla de la naciente población; pocos meses más tarde otorgó memoria testamentaria, falleció en esta Parroquia a fines de 1735 o principios de 1736.

La ilustre dama fue célibe. Sus dos apellidos, como hemos dicho, proceden de doña Juana Rangel y doña Beatriz de Cuéllar, fundidos a partir de don Alonso Rangel de Cuéllar.

Caracterizó a la señora Rangel de Cuéllar la magnanimidad. tomo esplende en el rasgo perennemente memorable a cuyo poder surgió nuestra magnífica urbe; en los documentos que suscribía “usando de piedad caritativamente para sacar de cautiverio y poner en libertad” a sus esclavos; en la ternura hacia la autora de su existencia, a quien “sirvió y atendió qon todo amor y voluntad, sustentándola a expensas suyas por espacio de casi veinte años”, según la efusiva expresión de doña Paula en una de las cláusulas de su testamento; en las valiosas dádivas con que coadyuvó a la erección de la primera Iglesia cucuteña y al impulso de la entidad civilizadora que nacía. Su corazón prodigaba las acciones benéficas a la manera que luz vierte las facetas de un diamante.

Una circunstancia cronológica llama la atención en el nacimiento de doña Juana: cumplía Pamplona (1649) el primer centenario de vida. La primogénita del Norte se decoraba ya con el prestigio de cinco urbes que se habían nutrido a su fecundo seno: Mérida la ciudad de los Caballeros, San Cristóbal, Ocaña de la Nueva Madrid, Espíritu Santo de la Grita y Salazar de las Palmas. Venía ahora al mundo la dama que iba a engastar en la corona maternal nueva valiosísima gema: ¡Cúcuta, la Ciudad Princesa!

Entre los cultos que constituyen tiembre de honor para los pueblos figura, en elevado término, el que tributan fervoroso a los que asentaron las bases de su existencia ciudadana. En un aspecto del mandato que se consigna en el decálogo de las edades; Honrar a padre y madre. Tiempo es ya de que a la genitora de nuestra moderna vida de ejemplar decoro, se erija un monumento digno de su gesto, capaz de su gloria, predicador de su hidalguía.

Es tiempo de que se le rinda tributo solemne en el bronce o el mármol, que llene ese vacío en la conciencia cucuteña. Generalmente desconocida es aquella gran figura histórica, y se impone como un deber de gratitud traer su recuerdo al homenaje de los hijos todos de esta ciudad, particularmente de la niñez y de la juventud escolares.

El 17 de junio debe ser fiesta cívica de San José de Cúcuta. Cada año en esa fecha habremos dp ir a colocar una flor al pie del monumento de la dama filántropa y a visitar el sereno paraje donde alentó por largo tiempo su ser esclarecido y donde firmó la partida de bautizo de Cúcuta. Y es que en medio del ruido afanar que experimenta el hombre a la voz de las diarias aspiraciones y necesidades, precisa que se levante la veneración al pasado, el cual dilata sus vividos reflejos sobre el presente y el porvernir. ¡Cuán hermoso aparecerá la efigie de la augusta dama en el jardín central del suntuoso Palacio del Municipio, sitio señalado para la apoteosis con justicia!