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RELIGIÓN E ÍDOLOS DE LOS MOTILONES
Tomado del libro DEL ANTIGUO CÚCUTA de Luís Febres Cordero F.

RELIGIÓN E ÍDOLOS

Los Motilones tenían también algunas prácticas idolátricas, del mismo modo que los Chitareros. Poseían vaga noción acerca de un principio creador general, según puede inferirse de un ídolo hallado, representativo de la Autoridad Suprema, así como del vocablo Maruta, con que en su lengua designan a un Dios Omnipotente.

Los Chitareros, refiere Aguado, «tienen sus santeros o mohanes que hablan con el demonio, el cual les hace entender que él hace llover, entre los cuales hay uno que es principal, y éste es un Capitán del pueblo llamado Cirivita, que los españoles llaman Hontibón por la similitud que tiene a un pueblo de indios moscas (Muiscas) que está a legua y media de la ciudad de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada de este nombre; este santero les hace entender que habla con su Dios falso, y les dice lo que les ha de suceder, y a éste veneran y ofrecen sus ofrendas. Es gente que no sabe guardar nada, porque en cogiendo sus labranzas se convidan unos a otros y en bebida y comida lo gastan todo sin dejar nada; sus cantos y borracheras y entierros son como los de los indios moscas; son muy grandes herbolarios y así se matan unos a otros muy fácilmente y con poca ocasión».

El culto y la veneración por los muertos demuestran sus costumbres religiosas. Enterraban los cadáveres, aprovisionándolos como para un largo viaje, poniéndoles una olleta llena probablemente de su licor favorito de maíz, y otros menesteres de su rústica haciendilla. Esta costumbre, seguida asimismo por otras tribus, revela que inconscientemente creían en la inmortalidad del alma. Poseían cementerios, a juzgar por las diversas osamentas encontradas en los caseríos del Escobal y Agua Sucia, y momias halladas dentro de curiosas cavernas en las poblaciones de Bochalema y Gramalote.

De este último lugar dice el inteligente escritor doctor Samuel Darío Maldonado, en un reciente opúsculo en que trata puntos de antropología venezolana: «La capacidad craneana por su pequeñez, tipo de ciertas razas, Broquimanes, Andamanes, la confirmamos en los Tunebos, habitadores de la Sierra de la Salina de Chita, en Colombia, y vecinos nuestros. Como en aquellos la cabeza está en relación con la talla. Y por excavaciones practicadas ex profeso o accidentalmente, sé de cráneos muy chicos, extraídos en la vecindad de Gramalote, en la misma República, y que remontan a tiempos coloniales o precolombinos». El autor de estos apuntes vio en la hacienda de Iscalá (Chinácota), un cráneo perfectamente conservado, no de reducido diámetro, prominente la región frontal, desenterrado en una loma de difícil ascenso cercana a dicha hacienda, de un lugar que por lo profundo y escondido, pudo ser osario o cementerio de indígenas.

Con ocasión de practicar excavaciones para construir una casa en 1894, en un cerro llamado La Defensa, al Poniente de Arboledas, se encontraron gran número de fosas, cerca de doscientas, que contenían esqueletos y huesos indígenas. Había dentro de estas sepulturas varias vasijas y utensilios de barro, que se rompían o deshacían al menor esfuerzo a causa de su antigüedad y en una de ellas, probablemente tumba de algún mohán, se halló en buen estado de conservación una figura humana de barro, de veinte centímetros de alto, que desgraciadamente desapareció o fue arrojada al acaso por la ignorancia de los excavadores. Concuerda esta noticia con lo que refiere la tradición acerca de la tierra que gobernó el indio Cínera, que era una de las más pobladas y adelantadas de esta comarca.

Conocieron los Motilones el procedimiento de los Chibchas para embalsamar los cadáveres, y seguramente lo aplicaban con sus muertos distinguidos. Son curiosas las noticias que da el P. Julián acerca de este punto: «En una de las selvas que rodean la ciudad de Ocaña hay ciertas cavernas donde se hallan indios muertos sin corrupción alguna; de suerte que si por accidente se hallaran por acá en una sepultura o mausoleo, se dudara si eran cuerpos santos e incorruptos». El mismo autor refiere que el Virrey Messía de la Zerda hizo llevar a su palacio de Santa Fe una momia hallada en. las inmediaciones de Ocaña, y la describe así: «Entre otras cosas curiosas se mostraba en palacio esta alhaja muerta. Era un indio según la traza y fisonomía; ni estaba derecho en pie, ni tampoco echado, sino como decimos, en cuclillas, abrazando con las manos cruzadas las piernas hacia las rodillas, y tenía una mortal herida de espada o sable en el cuello. No echaba mal olor, era un cuerpo disecado y sin jugo, ni era tampoco petrificado, como se ven árboles petrificados en los llanos de Neiva, en el Nuevo Reino; mas parecía leñificada, porque se parecía a un leño sin corteza, dejado por muchos años en el suelo al sol y al sereno Los médicos de Su Excelencia, según su facultad llamaban Carne Momia, y así quedó en Palacio por entonces; no sé si después fue transferido a España por cosa rara y particular».

Acaso esta momia fue el cadáver de algún guerrero de la tribu de los Carates o Motilones, muerto en uno de los combates con Alfínger; así parece indicarlo la herida de espada o sable que tenía en el cuello, y consta por otra parte el honor con que estos indios sepultaban a sus muertos ilustres. En materia de ídolos Motilones, nos ha dejado Ancízar una descripción completa de uno con que tropezó este ilustre viajero en el páramo de Potrero-Grande, poco distante del pueblo de San Pedro:

«Entre los nichos y anchas quiebras de las rocas se hallan esqueletos antiguos, restos de los indios Motilones. Los cráneos de hombre presentan la frente comprimida y plana, predominando las prominencias correspondientes a los órganos de la industria, el orgullo y las pasiones físicas: era manifiesto que había sido achatada por medios mecánicos, pues las suturas laterales se velan trastornadas en parte. La costumbre de achatarse así la cabeza caracterizaba peculiarmente a los indios Caribes, moradores del Orinoco en las cercanías del mar. ¿La recibirían de ellos por raza o por tradición los Motilones, tribu pusilánime avecindada en lo interior de los Andes Granadinos?

«Un ídolo de barro cocido, hallado en estos sepulcros, representa el tipo de la belleza ideal motilona: frente plana, erecta y menguada; ojos saltones; gran nariz reposando en la boca de pródigas dimensiones e intachable gravedad; y el cuerpo en actitud de inmovilidad sentado sobre los talones, como lo hacen todavía los indios de la cordillera; nada de vestiduras salvo una mitra cuadrada de la cual descienden hasta los hombros dos gruesas borlas, símbolo de la autoridad y nobleza que llevaban también los Caciques de primera categoría».

En el Olimpo de los Chibchas figura como principio eterno de las cosas un Dios llamado Chiminingagua, que esparce la luz en el espacio y reviste de follaje los árboles y de verdor y lozanía los prados. Quién sabe si el ídolo descrito por Ancízar sería el Chiminingagua de los Motilones, a juzgar por las insignias de mando y de poder de que estaba revestido, o tal vez fuese ese tradicional Maruta, el más bello en su concepto, grave e inmóvil como el senador de Roma que estropeó el soldado galo, tranquilo en su soberanía universal, pero cuyos atributos se esconden en el impenetrable velo que rodea aquella rudimentaria teogonía.